Mario Cimoli es doctor en Economía por la Universidad de Sussex del Reino Unido. Fue secretario ejecutivo adjunto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) entre 2017 y 2022, y secretario ejecutivo interino en 2022. Es profesor en la Universidad Autónoma Metropolitana en México y profesor invitado en la Escuela de Estudios Avanzados Sant'Anna en Pisa, Italia.
Mario Cimoli, exsecretario de CEPAL: "Si uno se presenta como progresista tiene que saber que el gasto no es infinito"
El exsecretario ejecutivo de la CEPAL cuestionó los planes que estimulan la política social sin tener en cuenta el crecimiento de la productividad y también a aquellos pretenden prescindir del Estado a la hora del desarrollo.
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Mario Cimoli dialogó durante una hora con Ámbito sobre las fallas en los planes económicos de los progresismos regionales y la necesidad de aplicar políticas industriales para el desarrollo.
De mirada crítica, en su paso por la Ciudad de Buenos Aires dialogó durante una hora con Ámbito sobre las fallas en los planes económicos de los progresismos regionales y la necesidad de aplicar políticas industriales para el desarrollo.
Periodista: ¿Los progresismos de la región se agotaron porque aumentaron el gasto social sin tener en cuenta el crecimiento de la productividad?
Mario Cimoli: La política social de por sí no es mala, es buena, hay que hacerla. Hay que tener políticas sociales focalizadas y algunas universales. Los modelos de estado de bienestar son sostenibles en la medida que la productividad aumenta, lo enseña la historia. Europa logró tener un modelo de Welfare porque la productividad después de la Segunda Guerra Mundial aumentó en un modo alucinante. Hoy ese modelo está condicionado porque la productividad no aumenta. Hay una relación entre productividad y gasto social que es muy importante tener en mente. El progresismo ha creído que cuando hay un problema de desigualdad, gasta y resuelve, pero incluso la teoría más heterodoxa reconoce que eso no es sostenible si no hay un aumento de la productividad.
P.: ¿Qué viene antes: el incremento del gasto o la suba de la productividad?
M.C.: Es como el huevo y la gallina. Muchos países eligieron aumentar primero la productividad y después el gasto, como los asiáticos, también en Europa se aumentó primero la productividad. En otros casos se ha dado casi simultáneamente. Pero si uno se presenta como progresista tiene que saber que el gasto no es infinito. Supongamos que este Gobierno deja una holgura fiscal y viene una nueva administración: ¿Qué va a hacer? ¿La va a redistribuir o la va a utilizar en políticas que incrementen la productividad? Cualquier modelo de distribución requiere una productividad creciente.
P.: ¿Hay rechazo a la idea de la restricción presupuestaria dentro del progresismo?
M.C.: No se puede gastar infinitamente. Eso tendrá un efecto momentáneo pero la microeconomía enseña que para cambiar la producción se necesita tiempo, estructura. Los tiempos de la generación de la demanda son muy rápidos respecto a la generación de la estructura. Para hacerlo simple, cuando suben los salarios o los subsidios y crece la demanda, ¿Qué es lo primero que la gente compra? Un teléfono y esa demanda alimenta a la producción china.
P.: ¿Qué herramienta podrían haber utilizado los progresismos para incrementar la productividad?
M.C.: Se razona a partir de la estructura productiva que tenemos y del sistema de Estado. En una economía de mercado, una parte la hace el mercado que distribuye endógenamente alta productividad y una parte la hace el Estado que complementa. Tengo que pensar cómo hago eso, si se deja exclusivamente a los precios relativos, no va a suceder. Se requiere una política industrial y tecnológica. El frente fiscal es un tema importante porque en la economía global se compite con la presión fiscal, eso el progresismo tampoco lo quiere reconocer. La protección por sí sola no funciona, tiene que estar atada a plazos y objetivos, como en Corea. También hay que tener una formación del capital humano que permita hacerlo y hay que tener una política que yo llamaría “industrial social” o “innovativa social", para aquellos sectores que son marginados a la informalidad, sí no la productividad de un país va a ser alta en algunos sectores y baja en el resto.
P.: ¿Podría dar un ejemplo de la política industrial social?
M.C.: Pongamos las provincias que tienen problemas habitacionales, la infraestructura, en lugar de pagar subsidios, ¿No pueden tener empresas del Estado que funcionen de forma eficiente, sin capturas? ¿Se podrá lograr eso? Que distribuyan y den empleo para construir bienes públicos, formación y que esto permita aumentar la productividad. La política industrial tiene que tener la componente de los sectores manufactureros de media y alta productividad y la componente de los sectores que están excluidos. Si no, vas a tener siempre una economía que aumenta la grieta.
P.: ¿Se debe “elegir ganadores”?
M.C.: Todos los países eligen ganadores. Japón eligió ganadores, mirá la batalla de semiconductores. ¿Quién eligió los ganadores en semiconductores y en los J-Balls en Corea? Los mismos coreanos. ¿Quién eligió los ganadores en Estados Unidos? En la última elección estaban todas las big tech al lado del Presidente. No existe país que se haya desarrollado sin política industrial, pero si yo sostengo una renta industrial tiene que tener un plazo. Hay que negociar. Cómo se negocia en todo el mundo. O te creés que Trump no negocia con Meta, con Apple. Eso es política industrial. Todos están negociando continuamente. Y de política industrial no tienen que hablar solo los economistas, es importante que estén los ingenieros presentes, los que están con los fierros. Hay que construir políticas de Estado.
P.: Con Estado solo no se puede, pero sin Estado tampoco…
M.C.: Para mí es un debate maliciosamente equivocado. ¿Decir que todo lo hace el mercado? Airbus, en Europa, es construido por el Estado, la empresa Leonardo, en Italia, que está a la vanguardia en defensa, es construida por el Estado. La política industrial de Estados Unidos, y todo el giro que tiene en torno a las Big Techs, y a la industria espacial, es política del Estado. Entonces, ¿Cómo puede uno decir que el Estado no funciona? Lo que pasa, es que nosotros saltamos de gobiernos que dicen que todo debe hacerlo el mercado a otros donde el problema es la captura del Estado. Estos procesos requieren continuidad.
P.: En Argentina, lo más parecido a una política de Estado es el desarrollo de Vaca Muerta…
M.C.: Es cierto. El problema es el siguiente. Supongamos que se desarrolla la minería, Vaca Muerta… ¿Esto te resuelve un país de 45 millones de personas o vas a tener que intervenir? Al final, incluso un gobierno de centroderecha va a tener que intervenir con una política social. Es mucho más de mercado entender que el Estado no puede hacerlo todo pero que puede generar que el mercado impulse esos sectores que hacen falta para que la gente tenga empleo con alta productividad.
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