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Al igual que sucedió con los outlets -que generaron una salida para los predios de exposiciones que se encontraban paralizados-, jornadas, seminarios, coloquios y ágapes destinados a promocionar los futuros candidatos o a explicar la realidad económica pasaron a ser una nueva solución.
Los encuentros económicos tienen por objetivo principalmente guiar o enseñar a los participantes qué conviene hacer según el caso con la devaluación y el «corralito». Las charlas no se prolongan más de cuatro horas y asisten entre 100 y 300 personas con un abono promedio de $ 80 y $ 100. También hay cursos que buscan explicar la crisis y ponencias de expertos que además de aconsejar, presentan algún punto de vista.
Sin embargo, los hoteles y las empresas gastronómicas, que trabajan a 40% promedio de su capacidad y que cuentan con muy pocos congresos, ferias y convenciones para lo que resta de 2002, son los que mejor aprovechan los cursos, reuniones y campañas.
«Los eventos que solíamos hacer en los salones están parados. Nos estamos reacomodando al nuevo mercado y sirve cualquier ingreso adicional. Se nota un movimiento empresarial, o de algún viejo político que intenta seducir a 20, 30 o 50 personas. Estas son las nuevas contrataciones de los salones», indicó a este diario
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