No existió mucha enjundia por disimularlo. Tampoco ayudaron los cotejos con otros mercados en el día, la realidad del recinto porteño quedó absolutamente circunscripta a su ámbito. Podría tomarse como simple casualidad, o porque se dio en un martes 13 -para amantes de cábalas-, pero la única relación con hechos frescos de la propia Bolsa es que la rueda siguiente a la visita y el discurso gubernamental quedó con un saldo accionario bajista de proporciones. Un 3,6 por ciento, como caída a pique y sin defensas, llevando al Merval hasta los 948 puntos de mínima. Y cerrando muy cerca, en los 950 puntos. Como si se hubiera creado un enorme cráter tras el mensaje recibido. Si se habían generado ciertas expectativas de anuncios ( alentadas desde algunos medios) de trascendencia para la actividad, esto se redujo a pedir colaboración para apoyar la propuesta con acreedores y alguna expresión de deseos, para que vaya ahorro a la Bolsa.
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Un recinto ya bastante raleado de asistentes, ante la demora en el acto, y algunos aplausos por compromiso adelantaban que nada capaz de encender entusiasmo se había podido constatar. La respuesta estuvo en la rueda siguiente, con una gama que abarcó caídas a pique desde el 1 de mínima y hasta el 5 por ciento de máxima. Las tres mosqueteras, Galicia-Petrobrás-Acíndar, que definen el Merval cayeron de 3% a 4%. El volumen, en $ 41 millones. Dilatando sus cifras, pero todo desde la oferta.
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