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29 de noviembre 2007 - 00:00

El 8° mandamiento

Dudas sobre el éxito en la deuda pública

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A poco más de dos años de la renegociación de deuda «más grande y conveniente de la historia», como le gusta recordar a Néstor Kirchner, se descubren puntos difusos y contradicciones relacionados con aquella operación.

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La existencia del cupón ligado al PBI, que se emitió junto con los nuevos títulos (y que fue separado a los seis meses para su negociación individual) es uno de los aspectos más discutidos. Tras el pago de $ 870 millones en 2006, este año el Estado gastará el triple, $ 2.450 millones, para pagarles a los inversores por el «exceso de crecimiento». En 2008 serían cerca de $ 4.000 millones. Quiere decir que en el transcurso de tres años se habrá recompensado a los bonistas con el equivalente a más de u$s 2.000 millones. Y en 2009 y 2010 las erogaciones serían aun mayores.

Sin embargo, ¿sirvió de algo haber ofrecido semejante premio? Todo indica que la existencia de la «unidad ligada al PBI» (tal su nombre formal) en el canje no convenció a un solo ahorrista de aceptar la oferta. Prueba de ello es que la mayor parte de los bancos de inversión le daban en aquel entonces un valor de entre 0 y u$s 2. Hoy vale u$s 12.

Por lo tanto, la operación estructurada entre Roberto Lavagna como ministro de Economía y su secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, concedió una suma más que considerable a los ahorristas sin beneficios aparentes. Un verdadero regalo que ahora deben afrontar todos los argentinos a través del pago de impuestos. Mientras tanto, los bonistas que no entraron (24% del total) muestran una agresiva actitud litigiosa en tribunales internacionales.

Otra historia es la emisión de títulos en pesos. Tanto Kirchner como Lavagna lo resaltaron como un espectacular logro. Habían conseguido dejar atrás la creciente dolarización de la economía y el sistema financiero para pasar a trabajar con un esquema volcado a la moneda local. Se olvidaron de un detalle: no se trataba de deuda en pesos, sino de un « animal» distinto: pesos ajustables por inflación.

El 1 de marzo pasado, al hablar ante la Asamblea Legislativa, el Presidente criticó a los que impulsaron la emisiónde deuda indexada. Omitió,claro, que la mitad de lo que actualmente cotiza en pesos más CER surgió durante su gobierno, más específicamente de la reestructuración de mediados de 2005.

La deuda en pesos que indexa por CER equivale a u$s 43.600 millones y representa 46% del total. De ese total, u$s 21.900 millones corresponden al canje (Par, Discount y Cuasipar). Con el aumento de la inflación y una divisa estable, la consecuencia es que aumenta la deuda nominada en dólares.

Luego de esta transacción, el gobierno consideró que ya no era buena idea emitir en moneda local ajustable por inflación. «Nuestro compromiso era con la estabilidad de precios, pero el gobierno lo considera una cuestión secundaria», se defienden en el entorno de Lavagna. No dicen (omiten una vez más) que en 2005 la inflación llegó a 12,3% (Lavagna fue ministro hasta el 28 de noviembre de ese año).

Por lo tanto, se volvió a colocar títulos en moneda extranjera, pese a las críticas que hubo a la gestión de los 90 por este comportamiento. En la jerga financiera se denomina a la emisión de deuda en dólares «el pecado original». Todos los paísesquieren evitarlo, pero ninguno lo logra. Y Kirchner también sucumbió a esa tentación. A partir de 2005 hubo colocación a Venezuela, licitaciones abiertas entre inversores locales y ahora una colocación a la ANSeS.

A mediados de este año se abrió la puerta para emitir en pesos sin ajuste, pero duró menos que un suspiro: El BONAR V en pesos, que salió a 11,40%, se derrumbó y, como consecuencia, ahora rinde 16,50%. La suba de la inflación y la incertidumbre de los inversores por la manipulación del INDEC hicieron perder todo interés por invertir en pesos. Un símbolo de la escasa credibilidad que despierta el peso, justo un año en que las estrellas fueron las monedas de los países emergentes (se apreciaron más de 20% contra el dólar).

El panorama que le espera a Cristina de Kirchner ofrece varios interrogantes. Pese a la «gran quita» que asegura el gobierno haber conseguido en 2005, la deuda argentina continúa representando más de 60% del PBI, por encima de los niveles de casi todos los países de América latina. Los mercados internacionales siguen cerrados a emisiones del país y los bonistas se muestran más combativos que nunca para la reapertura del canje. El «pasivo contingente» que acecha al país, si prosperan las demandas, es millonario.

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