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Del Fondo Monetario Inter-nacional llegaron noticias precisas: no se puede hablar de pisos, y esa advertencia rebela a las provincias. Pero también el FMI ha señalado que puede tratar con cada provincia, que no todas han tenido el mismo comportamiento económico -hay algunas con deudas importantes y otras sin deudas-y, por lo tanto, no requieren el mismo tipo de ajuste. Y bajo este espíritu se desata el pleito: hay estados que asumirían en todo caso su propio déficit pero no desean licuarlos con otros, lo que supone conflictividad con la provincia más comprometida: Buenos Aires. Este reclamo por equidad económica configura, además, una obvia confrontación política. Nadie ig-nora de dónde proviene Duhalde. Esto es un conato no sólo contra la conducción nacional interpretada por un jefe bonaerense, sino también contra la alianza de éste y sus socios radicales (Alfonsín, Moreau, Storani), también bonaerenses.
Al margen de coincidencias o no sobre el ajuste, en los últimos diez días ya se percibió dentro del justicialismo intereses opuestos y distanciamientos: el interior contra los bonaerenses como mayor conflagración, provincias petroleras por un lado, provincias promocionadas por otro, en batallas menores. Se escuchó la voz disidente de José Manuel de la Sota, también otros gobernadores levantaron temperatura aunque la punta del iceberg se manifiesta con los legisladores: hay muchos en pie de guerra y ya se lo hicieron sentir al Ejecutivo (tanto diputados como senadores cuestionaron el jubileo a empresas del uno a uno, incluyendo hasta sospechas de corrupción). Si esto se revela en el PJ gobernante, no es menor el enfriamiento dentro de la propia UCR: Alfonsín está cada vez más lejos de sus correligionarios del interior, quienes lo objetan desde diversos ángulos.
Mortifica mucho a Duhalde que la disidencia provincial se asiente en los gobernadores de su mismo partido. Antes le disputaron el poder dentro del PJ y, por ejemplo, admitieron el escalonamiento de elecciones provinciales que el Presidente cree fue la causa de su derrota ante Fernando de la Rúa en 1999.
Ahora le recuerdan que el club de las provincias bien administradas y que reclaman trato preferencial por los organismos internacionales es peronista pero no incluye a la de Buenos Aires. Ese grupo de provincias VIP lo lideran la sanluiseña Alicia Lemme (que responde al ex presidente Adolfo Rodríguez Saá), el salteño Juan Carlos Romero y el pampeano Rubén Marín, quienes se ocupan de recordar ante quien los oiga que la mitad del déficit de las provincias le corresponde a la que gobernaron Cafiero, Duhalde (dos veces) y Ruckauf en los últimos quince años.
Estos sí que no tienen nada que ver con alianzas con radicales de Buenos Aires o de cualquier otro distrito, algo que aísla más todavía al presidente designado a la hora de enfrentar cualquier negociación internacional.
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