El mismo Perón definió los dos peronismos
Hoy publicamos la primera nota de una serie sobre La economía que viene en la Argentina a partir del 26 de mayo, en la primera jornada de trabajo de un nuevo presidente, haya sido consagrado en primera vuelta, el 27 de abril, o en segunda, el 18 de mayo. Es un tema a tratar con la profundidad que los lectores requieren de este diario. Los reportajes a los candidatos en plena campaña están llenos de generalidades o indefiniciones por temor a perder votos con declaraciones tajantes sobre temas urticantes y sirven poco. Es comprensible esa posición, por tanto no caeremos en ese tipo de reportaje clásico. Mejor le explicamos al lector por qué y qué representan las 6 líneas que se disputan la conducción económica en caso de un Carlos Menem triunfante; o por qué Néstor Kirchner, si gana, prefiere o hace rabiar a Eduardo Duhalde insinuándole a un economista de Córdoba para ministro de Economía en lugar del amado por el actual presidente, Roberto Lavagna, a quien llaman «cocaína» (porque crea la ilusión de estar bien) o «el anestesista» (porque adormece el dolor, pero no resuelve la enfermedad). También le brindaremos, detalladamente, toda la complicada «herencia» que deja la gestión Duhalde para quien asuma el 25 de mayo. Hoy, de esta serie, le explicamos las «dos formas de peronismo». Es miniaturizar el análisis si se las quiere reducir a una simple antinomia Menem-Duhalde (o Kirchner) o inventarles el título «nuevo modelo» cuando, en realidad, provienen del mismo nacimiento del partido en los años '40 y las vivió, ambas juntas en períodos sucesivos de su primer gobierno, el propio fundador del movimiento, general Juan D. Perón. Desde hoy comenzamos, pensando en el voto indeciso para los comicios del 27 de abril.
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Arriba: Ya en el «otro Perón», acto en el que firma para que la Californian de EE.UU. explote el petróleo argentino (foto Historia Visual, «Clarín»). / Abajo: El presidente Perón al inicio de su gobierno, en 1946, junto a Eva Perón y cuando era plenamente estatista, algo que le permitían las cuantiosas reservas acumuladas en el Banco Central durante la 2ª Guerra Mundial. En 5 años cambió. Derecha: Libro de Ernesto Sabato de 1956 que ya habla de dos peronistas, aunque referido más a aspectos políticos que económicos. Izquierda: La realizó el gobierno peronista como propaganda en los años '40 y muestra una Argentina insólita y totalmente opuesta a la actual: dábamos créditos a España, Francia, Italia, Finlandia y hasta Islandia, con problemas de alimentos tras terminar la Guerra Mundial.
Los períodos populistas siempre terminan mal. Así, agotando al Estado, Raúl Alfonsín en 1989, en hiperinflación. Duhalde y Ruckauf en la provincia de Buenos Aires, dejándosela quebrada al sucesor Felipe Solá. Es lo que quedará de la Argentina al 25 de mayo, cuando asuma un nuevo gobierno luego de haberse desperdiciado 17 meses y cediéndole una bomba de tiempo, para colmo de mecha muy corta al próximo presidente de la Nación.
Hubiera sido preferible, entre males, ante el estallido en crisis del país en diciembre de 2001, un socialista con la posibilidad de que resultara racional que un populista que, inevitablemente, por su formación intrínseca nunca iba a aprovechar los dos años para concluir el anterior mandato trunco y comenzar a sanear el país. Más aún, se dio la ironía de que quienes surgieron -se prueba judicialmente o no, pero fue real-de un golpe de Estado civil para apagar el incendio encabezaron los motivos -no únicos, pero sí principales-de tal debacle. O sea, el desastre administrativo y financiero bonaerense del duhaldismo gobernando. Dejaron 4.100 millones de dólares de déficit en esa provincia en 2001 tras sucederse Duhalde y Ruckauf. Al proyectarse tal déficit sobre la Nación, que en definitiva, debía subsanarlo, se provocó la estampida de capitales al observarse la notoria imposibilidad de hacerlo desde un Estado agobiado de vencimientos de deuda. Vino el consiguiente e inevitable estallido de finales de 2001.
Esto hace relación a que hace unos días señalamos, en otro artículo, que efectivamente hay dos peronismos, uno populistaestatista y otro libreempresista. El primero, inviable en estas condiciones del país, es Duhalde, teniendo a su lado a Néstor Kirchner. El peronismo libreempresista es Menem, como también podía haberlo sido el cordobés José de la Sota apoyado hasta último momento por el embajador de Estados Unidos, James Walsh. Mejor aún lo hubiera representado el santafesino Carlos Reutemann. Quizá también, aunque muy confuso e indefinido pero del palo, Adolfo Rodríguez Saá. El populismo puro es Kirchner.
Obvio que en él se apoyaría Duhalde y su entorno. Su nuevo candidato a vicepresidente, Daniel Scioli, le puede aportar moderación en las urnas pero una vicepresidencia es irrelevante luego en el juego institucional.
No es anormal ni es para rasgarse las vestiduras que en el justicialismo converjan dos líneas opuestas bien definidas, populismo y libre empresa. Lo absolutamente anormal sería que al populismo duhaldista le siguiera el kirchneriano el 25 de mayo próximo. No aguantaría el país. No ya a nivel de crisis económica sino de default total y hasta de disgregación nacional cuando ya hubo brisas patagónicas preguntándose: si tenemos petróleo y energía podríamos vivir triplemente mejor vendiéndoselos al extranjero, incluyendo la Argentina.
Es característica habitual de grandes partidos políticos de Occidente tener «alas internas», pero la peculiaridad grave de nuestro país es poseerlas en enfoques torpes y superados como «populismo-estatismo» y «libre empresa más iniciativa privada». En países serios se dividen sus alas por otros motivos, pero no se duda de la libre empresa e iniciativa privada. Ni sucede hoy en Brasil donde sí se observan izquierdas ultras -minoritarias- para cambiarlo todo, pero no «distribucionistas» de lo inexistente.
Fernando de la Rúa -ambiguo, indeciso- y Ricardo López Murphy, libreempresista puro hasta que se desafilió, nunca tuvieron nada que ver con los populistasestatistas tipo Raúl Alfonsín o Leopoldo Moreau dentro del radicalismo. No es casual que estos dos últimos se hayan unido en el golpe civil con el duhaldismo y sigan apoyándolo: los une su raíz populista. Es obvio. Es lógico.
La variante particularísima, que sí llama la atención, que posee el justicialismo es que el fundador del movimiento, el primero coronel y luego general Juan Perón, tuvo en sí mismo en sus 9 años en el poder (1946-1955) las dos formas. Fue populista-estatista y antinorteamericano primero, de 1946 a 1950/'51, y libreempresista de iniciativa y de ingreso de capitales externos después. El giro del primer peronismo en un mismo gobierno y con el mismo mandatario históricamente se observa en países desarrollados y más potentes, por caso Franklin Roosevelt en los años '30 y '40 en Estados Unidos, que arrancó con el populismo del «new deal».
Ya dijimos en el artículo anterior que Duhalde, su esposa, el duhaldismo amplio, Kirchner, pese a que se autotitulan «espacio renovador», reflejan en este siglo el populismo del primer Perón, hasta esos 1950/'51. Carlos Menem, Reutemann, De la Sota y también señalamos que con más contradicciones Adolfo Rodríguez Saá, el segundo peronismo, el libreempresista y actualizado.
La desactualización histórica del duhaldismo más Kirchner proviene de que su tipo de populismo es un ensayo extinguido con ramalazos esporádicos sólo en algunos países, siempre subdesarrollados o emergentes.
Otra característica fue que Perón tenía fondos -por lo menos durante más de 4 años hasta que los consumió- para hacer populismo en su inicio, los acumulados, como se dijo, por la Argentina en la Segunda Guerra Mundial. El duhaldismo buscó con irracionalidad el dinero para su populismo no pagándole a los acreedores, internos y externos. Un absurdo de piernas cortas.
En aquel artículo decíamos que el Perón «populista» de su primera época, aunque errado, fue por lo menos lógico: dilapidó las reservas acumuladas, nacionalizó los ferrocarriles (que hoy rememora y quiere Kirchner), inventó el aguinaldo, estatizó el comercio internacional con el destructivo IAPI, operó con cambio fijo manipulable y otro cambio libre, estatizó parte amplia de la prensa, disponía feriados nacionales por fechas partidarias, encaró deficitarias industrias livianas sin gastar las divisas en desarrollar primero industrias de base -fue su más grave error-, etc.
Ese Perón es el que culmina su populismo-estatismo cuando en Plaza de Mayo le dice a una multitud predominante de clase obrera: «¿Ustedes vieron alguna vez un dólar? (hubo ensordecedora respuesta: 'No'). Entonces ¿qué les importa el dólar?».
Confesó allí su apremio en divisas por una política despilfarradora, el final de su distribucionismo fácil. Desde allí cambió. Envió una misión refinanciadora a Estados Unidos encabezada por el secretario de Hacienda Ramón Cereijo (1950); hizo a los argentinos comer pan negro de centeno para poder exportar trigo y recomponer reservas perdidas; hizo ingresar al capital extranjero (la Californian) para explotar el petróleo; recibió, se abraza y se sienta junto a Milton Eisenhower (hermano de Dwight Eisenhover, presidente norteamericano) ante 75.000 personas en el estadio de River Plate para demostrar el fin interesado de su hostilidad con Estados Unidos que arrancó en 1945 con «Braden o Perón», en relación al embajador yanqui en la Argentina. Avanzaba bien, aunque poco democrático siempre en política y lo derrocaron en 1955.
Gracias a un lector, Francisco Juan D'Angela, hemos recibido dos documentos clave que muestran a los dos Perón, el populista y el libreempresista e iniciativa privada y capital extranjero de apoyo. Esta adopción, este drástico cambio fue la definitiva. Lo explicó el propio Perón frente a los desencantos de sus años iniciales de gobierno: «Acercar la realidad al ideal y revisar la validez de ese ideal para mantenerlo abierto a la realidad del futuro».
El desencanto absoluto del estatismo que antes lo había empapado se ve en su discurso de 1973 (ver págs. 14 y 15). Ese peronismo dejó al morir en 1974, capitalista, libreempresista con sentido social. Este último aspecto es el que Carlos Menem en su primeros 10 años de gestión descuidó bastante (también no haber promovido más al capital nacional y no haber sido fanático de la reducción del déficit fiscal) pero mantuvo el postulado general del Perón más serio y moderno. El duhaldismo y Kirchner quieren recrear el primer Perón -5 años-que él mismo renegó desde 1951 hasta 1974, durante 23 años. La diferencia entre ambos existe. Y es muy grande, visible y comprobable.



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