La deuda del sector privado se redujo desde la salida de la convertibilidad en prácticamente un tercio. De u$s 77.900 millones pasó a u$s 52.000 millones. Buena parte de las empresas que se había endeudado en el exterior terminó en default a fin de 2001. Siguieron el camino del gobierno, aunque el método para conseguir la reducción resultó mucho menos traumático.
En general, hubo largas negociaciones con los acreedores, con niveles de aceptación cercanos a 100%. El resultado es que hoy muchas empresas ya plantean la posibilidad de volver a colocar deuda entre inversores extranjeros, algo que el gobierno no puede debido a la acción de los fondos buitre que rechazaron el canje.
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