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17 de octubre 2007 - 00:00

Fin de año, límite para la venta de la cervecera ICSA

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La chilena CCU puso un plazo concreto para comprar ICSA, la cervecera de Ernesto Gutiérrez: si al 31 de diciembre la operación no está cerrada y aprobada por la Comisión de Defensa de la Competencia (CNDC), quedará sin efecto. La cláusula está incluida en el contrato que firmaron los chilenos con la fabricante de Palermo, Imperial y Bieckert. Fuentes de la compradora adelantaron: «Hasta ahora no pusimos un peso, ni siquiera de seña. Todo es contingente a la obtención de la aprobación de la CNDC».

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El precio que habrían pactado las partes ronda los $ 88 millones más la «caja», que serían otros $ 12 millones, menos una deuda importante. El rumor agrega que Gutiérrez habría comprado por cerca de $ 56 millones hace diez meses.

La venta, anunciada la semana pasada, llega a menos de un año de que Gutiérrez y sus socios -entre los que se cuenta Eduardo Eurnekian, dueño de Aeropuertos Argentina 2000 de la cual Gutiérrez es CEO- le compraran esas marcas más una planta de elaboración de cerveza en Luján a la brasileña AmBev, que se vio obligada a vender esos activos para que la propia CNDC le aprobara la adquisición de Cervecería y Maltería Quilmes.

En aquella resolución del órgano oficial se establecía que quien debía comprar no podía ser ninguna de las cerveceras que ya actúan en el país, lo que obviamente dejó fuera de carrera a los chilenos, que elaboran Budweiser y Heineken bajo licencia.

En la carrera final quedaron Gutiérrez (con su flamante ICSA) y la mexicana FEMSA, la mayor embotelladora de Coca-Cola de América latina. Los brasileños decidieron venderle a Gutiérrez, a pesar (o a favor) de su nula experiencia en el negocio cervecero, seguramente para cerrarle la puerta a su principal competidor en su otro gran negocio en el país: el de las aguas minerales y las gaseosas (AmBev es licenciataria de las marcas de Pepsi). Pero CCU pujó durante tres años por el derecho a que la dejaran participar de ese concurso, sin éxito.

Ahora, por otra vía, logró su propósito de quedarse con la fábrica que levantó

Brahma/AmBev en Luján, la más moderna del país; en sentido inverso, no parece que pueda tener mayor interés en las marcas que vienen con el paquete, dado que ya tienen un amplio abanico de ellas: además de las mencionadas, producen y/o importan Corona, Guinness, Schneider, Santa Fe, Salta y Córdoba Dorada.

«La verdad es que la de Gutiérrez era una pelea cuesta arriba, muy difícil de ganar. El negocio de la cerveza en todo el mundo tiende a concentrarse, y pelear por un porcentaje de mercado mayor, arrancando tan abajo, era casi imposible», dijo a este diario un observador de esta industria.

¿Habrá alguna empresa del sector que se oponga a la operación? Difícil. La habitualmente peleona Isenbeck está en franca retirada (se nota por la falta de publicidad y en su aguda caída en participación de mercado) y, además, cambió de CEO: el ex Puma Juan Pablo Piccardo no habría salido de la empresa en los mejores términos con sus ex empleadores, y fue reemplazado por Hernán Pflaum, que además es un ex Aeropuertos 2000.

De todos modos, una fuente de la cervecera alemana se limitó a decir: «Vamos a estudiar el caso». Un rumor agrega que la casa matriz Warsteiner habría decidido dejar de apoyar a su filial local, a raíz del fin de un régimen de desgravaciones impositivas en su país para inversiones en el exterior. Por su parte, fuentes cercanas a Quilmes aseguraron que la venta «es una bendición: teníamos un acuerdo de distribución obligatoria (impuesta por la misma resolución de la CNDC) de las marcas de ICSA, con cantidades mínimas; y la verdad es que cada vez nos costaba más cubrir esas cuotas».

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