11 de septiembre 2003 - 00:00

Hay que admitir que Kirchner en este caso negoció muy bien

Cuando en Ambito Financiero analizamos los primeros 100 días del presidente Néstor Kirchner, dijimos que no había grandes éxitos aunque se los quisiera hacer aparecer como tales. Los tuvo, sin duda, pero se desnivelaban frente a la incertidumbre en que su gestión sumía a la población, más algunas demagogias.

Entre los méritos, como un real aporte para el futuro argentino, señalamos uno principal: dijo y demostró que era cierto que no hay que ser tan lacayo -y menos desde la presidencia de la Nación- para negociar con el extranjero.

Los ataques a la «década del '90» son realmente una estupidez proveniente de la izquierda enfermiza. Pero sí es cierto que entregando tanto como entregó Carlos Menem se felpudeó en exceso frente al extranjero; que a cambio de ser invitado y recibido hasta fastuosamente no resguardó ni condicionó en casi nada a los extranjeros. La década del '90 fue buena, sin duda, en cuanto modernizó al país, terminó con las empresas públicas deficitarias devastadas por los sindicalistas enriquecidos, llenó el país de autopistas, terminó la Biblioteca Nacional luego de 45 años de obras, trajo a empresas tecnología industrial de supervanguardia.

Pero fue excesivamente débil el gobierno Menem para negociar cuando entregaba verdaderas joyas para capitales de inversión extranjeros como teléfonos, empresa estatal de petróleo de un país que lo tiene, distribución de gas y energía en Nación rica también en esto a nivel de tener dos centrales nucleares. No hubo que ser tan dadivoso y sí más exigente en los '90 si se cedía tanto, aunque fue y sigue siendo un buen negocio para el país privatizar.

• Picardía

Kirchner, sin tener nada que privatizar y con una deuda monstruosa heredada de 190.000 millones de dólares, ha negociado bien, con firmeza este acuerdo con el Fondo. Se podría decir con gran picardía para este acuerdo que debe mirarse más allá del frío análisis económico numérico.

El año que viene se pagarán 4.000 millones de dólares, o sea 3% del PBI y no se sabe -se resuelve en un año- cuanto más en los dos siguientes. Se deberán pagar 2.500 millones de dólares de intereses de la deuda de 21.000 millones cuyos vencimientos se refinancian (sin quita alguna). Queda en la nebulosa resolver el aumento tarifario porque el Ejecutivo quedará habilitado por el Congreso para hacerlo según se menciona en la carta de intención. Se deberá reestructurar la banca pública para hacerla eficiente y lograr en un año la nueva Ley de Coparticipación Federal, una durísima variación de fondos a las provincias que hace años es tema de conversaciones y nunca resuelto. Se hace todo este esfuerzo y se pagarán todos estos fondos sin recibir «plata fresca», como Brasil por u$s 4.000 millones cada 5 meses. A no recibir fondos se lo llama «no endeudarnos más».

• Descubrimiento

Cualquier mandatario liberal o neoliberal, o racional al menos de la economía, por un acuerdo así hubiera sido despellejado por la izquierda. Destrozado por los voceros de la demagogia populista y eso que un liberal que acordara esto posiblemente hasta hubiera logrado algo de «plata fresca».

Recuerde el lector que hace sólo dos años el entonces ministro Domingo Cavallo fue a Europa y descubrió -algo penoso para un economista de relieve- que la clave para la Argentina era el «déficit cero» y con eso se conformaban todos. Se comenzó a hablar del tema y nuestra izquierda criolla se desgañitaba por «el esfuerzo que se le iba a imponer al pueblo» por el «déficit cero» para salvar la crisis.

Hoy en día, en este acuerdo acotado con el Fondo, estamos mucho más allá del «déficit cero». Este año tendremos que ahorrar 2,5% y el año que viene 3% del PBI para pagar al exterior. Será realmente una hazaña.

Con caricias, con gestos, con nombramientos, con juicios a miembros de la Corte, con decapitación de cúpulas militares, dejándolos a Fidel Castro y Hugo Chávez hacer discursos demagógicos por las calles de Buenos Aires, este gobierno está logrando que se acepte tremendo esfuerzo del país de pagar 4.000 millones de dólares cuando hasta no hace mucho esa cifra era el déficit y no el superávit.

No hay más remedio, es cierto. No se puede seguir con el engaño de colocar «bonos argentinos» (así se saldaban los déficit antes). Pero este presidente Kirchner deberá ser mirado de otra manera si es capaz de imponer algo que a cualquier presidente de centroderecha o derecha le hubiera costado más -o hasta hacérsele imposible- de aplicar a la población. Y que la parte más combativa e ideologizada de ésta además se sienta realizada.

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