¿Qué novedad había en el ambiente, como para que el índice de Buenos Aires actuara contrario al resto? Porque si bien en el exterior no sucedían rebotes importantes, al menos conseguían el signo positivo, o -como en Brasil-quedar casi neutro.
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Lo único de cierta relevancia en la víspera resultó la difusión del INDEC y 1,1 por ciento de inflación para el complicado mes anterior. Otra vez con alto impacto -negativo-sobre el segmento de los bonos y su corrección, es probable que el coletazo del desencanto haya tomado también al recinto y las acciones. Modo de dar alguna justificación a un Merval que derrapó casi en 0,7 por ciento, mientras el Dow Jones lograba 0,44 por ciento de alza y dejando el mensaje de un clima apacible para los demás. Pero no, en Buenos Aires se obtuvo mínimo de 2.133 unidades, con máximo en 2.149 -que era casi el cierre anterior-y terminando muy cerca del piso: «2.135», muy chatos y tristes.
En las diferencias entre especies se ve testimonio más contundente, con sólo «19» por parte de las alzas y «39» títulos que decayeron. Todo esto, conformando un microclima que estuvo acorde con el aire de la ciudad: neblinas y humos extraños, desagradables, que invadieron el recinto bursátil en sus precios.
Con inflación
Un fuerte «paquete» realizado en plaza en Grupo «Clarín», en torno de los 60 millones de pesos efectivos, le puso levadura a los totales. Y así, fueron 168 millones de pesos en acciones, aunque para la realidad general apenas si se sostuvo en cerca de los 100 millones de pesos. Igualmente, una muy buena recaudación de efectivo para títulos privados, que tal vez puedan estar captando una porción salida del enorme desencanto de la plaza de «bonos».
Siempre será mejor -en nuestro medio-el riesgo empresario que el riesgo soberano: devaluado y maltratado tantas veces. Y la Bolsa, en la humareda.
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