Antes calificaba a empresarios de «insaciables», « ventajeros», «incorregibles que hacen lobby permanente» y hasta de «ganar en desmedro del bolsillo del pueblo». Néstor Kirchner fue otro ayer al encontrarse con el multimillonario Carlos Slim, acompañado por Cristina.
Finalizó ayer Néstor Kirchner su viaje a México con una recepción en la embajada argentina junto a residentes, representantes del arte e intelectuales. De allí partió la comitiva al aeropuerto para el regreso a Buenos Aires después de una visita de más de tres días en la que el matrimonio presidencial intentó borrar los desaires que marcaron la relación entre los dos países en los últimos años, tras la Cumbre de Mar del Plata y los violentos cruces entre Vicente Fox y Hugo Chávez. El punto más alto fue la firma de un Acuerdo de Asociación Estratégica que Kirchner rubricó con el presidente Felipe Calderón Hinojosa, una compleja pieza de palabrerío diplomático que debe ser aún puesta a prueba pero que el mandatario argentino quiere que ambos parlamentos aprueben cuanto antes.
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El protocolo concentró ayer toda la actividad empresarial del matrimonio presidencial y, como en todo viaje, fue el día de los anuncios, grato momento que vive todo presidente en estas visitas fuera del país y que luego debe verificarse en la realidad. Más de u$s 1.000 millones en inversiones, cuestionamientos sobre energía, leyes laborales e inflación (ver nota aparte) fueron el cierre de los encuentros con empresarios, todo mientras Kirchner profetizaba, como en ninguno de los días anteriores de la visita, el triunfo de su esposa en las elecciones de octubre.
Comenzó el día con un seminario sobre inversiones en la Argentina. Mientras sesionaba en el restorán La hacienda de los Morales, Kirchner mechó las preguntas de los empresarios con algunos chistes clásicos: «Estamos en el infierno y el 10 de diciembre lo dejaremos para empezar a transitar por el purgatorio», les dijo, lo que fue recibido con risas por parte de la platea. Los argentinos se dieron cuenta entonces que la frase ya había cruzado antes las fronteras del país.
El presidente del Comité Empresarial México-Argentina intentó distender en medio del interrogatorio sobre la falta de energía: «Señor presidente, sabemos que no ha habido quejas en su visita a México, tal vez la única queja podría ser que nos permita siquiera ganarle una vez en el fútbol».
Después de ese encuentro, en el que participaron también Paolo Rocca -como presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Mexicana-, bodegueros mendocinos y otros 200 empresarios, el matrimionio partió hacia la embajada.
Como sucedió en abril, Cristina Fernández y su esposo sucumbieron a la fascinación de reunirse a solas con Carlos Slim, el empresario ranqueado como el primer millonario de la Tierra, dueño del Grupo Carso y Telmex. Pero se supo que también les prometió que aumentaría inversiones en telefonía. Fue un encuentro previo al almuerzo que después mantuvieron con otros empresarios mexicanos en el jardín de la embajada, que Jorge Yoma les preparó ayer con escenografía de living al aire libre.
La reunión repitió los ritos del secreto y la complicidad que ya se habían visto en la reunión de abril con Cristina.
De ese encuentro pasaron juntos al almuerzo, donde se les sumaron Dionisio Garza Medina, del Grupo ALFA; José Antonio Carbajal, de FEMSA; Carlos Salazar, de Coca-Cola; Daniel Servitje, de Bimbo; Héctor Medina Aguiar, de CEMEX, y José Antonio Bastón Patiño, de Televisa.
Por la Argentina se sentaron a esa mesa Jorge Taiana, Carlos Zannini, Alberto Balestrini, Miguel Pichetto, José Díaz Bancalari -desesperado por acercarse a Slim-, Yoma, Miguel Peirano, José Pampuro y la titular de la Agencia de Inversiones, Beatriz Nofal. Allí se habló, obviamente, de inversiones mexicanas y algunos acuerdos privados que ya se cerraron, como la apertura en el país de una planta de la panificadora Bimbo en sociedad con Arcor.
Tras un descanso, Kirchner y Cristina volvieron a la embajada donde Yoma les había reunido a parte de la colectividad argentina que vive en el DF. Ambos hablaron: «La Argentina va a seguir construyendo y saliendo de la situación en la que está, se vuelve a respirar la posibilidad de construir un país absolutamente diferente», les dijo Kirchner, «es un tiempo de la historia donde la justicia y la dignidad tienen que ser centros fuertes de la conducción, en la pluralidad y la diversidad y en la integración». Claro, le hablaba a un selecto grupo de exiliados. De allí partieron a tomar el Jumbo alquilado que los esperaba para volver a Buenos Aires, mientras que los funcionarios de segunda línea tuvieron que adelantarse para tomar aviones de línea.
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