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12 de febrero 2002 - 00:00

La pelea con las petroleras

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Las razones son, básicamente, las dos que mueven al Presidente casi invariablemente: un odio tenaz hacia Carlos Menem y un respeto reverencial hacia Elisa Carrió. Duhalde presume que el sector petrolero se siente más identificado con el riojano que con él. En algo tiene razón: Alfonso Cortina -presidente de Repsol- habla con Menem más a menudo que con el titular del Ejecutivo (es cierto que el ex presidente lo atiende con mayor solicitud; problemas de agenda). Y Gregorio Pérez Companc viajó a Santiago de Chile especialmente para entrevistarse con Menem no bien asumió Duhalde (dicen que ese hecho hizo que las tertulias con Vicente, hombre de Pérez, se espaciaran notoriamente).

Carrió, a su vez, es la otra cara del conflicto: en el Congreso amenazó con que «voy a denunciar a todos porque han entrado en un arreglo con las petroleras para no aplicarles retenciones». Capitanich, enterado de la advertencia, hasta pensó en invitar a algún fiscal federal para que intervenga en las discusiones. Como en la embestida contra la Corte y en la agresividad especial que el gobierno aplica hacia los banqueros se distingue la influencia indirecta de la diputada chaqueña en el comportamiento de Duhalde.

En el caso de las petroleras existe un factor adicional: los «padres fundadores del nuevo modelo» (José María Díaz Bancalari, Lorenzo Pepe, Marta Falbo, Silvia Martínez) creen que al sustituir las retenciones por otro tipo de gravamen cedieron una bandera inicial del gobierno.

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