La Fundación Mediterránea es la encargada en esta oportunidad de dar un completo panorama de lo que puede acontecer con la economía argentina. En la tradicional entrega de «El economista del mes», Nadín Argañaraz y Gabriel Sánchez aportan varios elementos para tener en cuenta. Hoy -sostienen- el país depende más del crecimiento de Asia que de las tasas en EE.UU. Advierten por la ansiedad oficial de llevar la economía a todo ritmo (por inflación y eventual freno brusco) y porque en 2009 el país pase a ser importador neto de petróleo.
1) Se crece a buen ritmo. ¿Qué es lo que cabe esperar este año?
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Más allá de la euforia que pueda desatar la continuidad del crecimiento acelerado, 8,5% anual en 2006, no debemos perder de perspectiva que aún estamos muy lejos de donde deberíamos estar. Nuestro ingreso per cápita es hoy apenas 15% más alto que en 1974 (y nuestra productividad laboral 4% menor), mientras que el ingreso promedio mundial ha crecido 60% en igual lapso. Mirando más cerca, para alcanzar el relativamente modesto crecimiento acumulado de Brasil desde 1997 a la fecha, tenemos que crecer a una tasa sostenida de 6% de aquí a 2010. El desafío entonces es empalmar la dinámica actual con un crecimiento alto y sostenible en el largo plazo.
2) De lo que juega hoy a favor de la economía, ¿qué es lo que hay que seguir de cerca? ¿Puede haber un giro?
Hay tres factores. El primeroes la sincronización del ciclo económico argentino con el ciclo económico mundial a partir de 2001, gracias a la complementariedad económica con el este asiático, que es uno de los principales motores de la economía mundial. La Argentina depende ahora más del crecimiento asiático que de la entrada de capitales y bajas tasas de los Estados Unidos. Como todavía hay 150 millones de habitantes chinos en actividades rurales de subsistencia, pendientes de incorporarse a la economía industrial, tendremos crecimiento de ese país para rato. India promete un futuro similar.
El segundo factor es el alivio fiscal que supuso la reestructuración de la deuda, que nos hace menos vulnerables a los shocks financieros externos y que ayuda en la línea de evitar crisis fiscales, que han sido las madres de todas las crisis económicas argentinas. Con una carga de intereses de deuda publica de 1,5% del PBI, se tiene un panorama más holgado que Brasil ( donde los intereses equivalen a 7% del PBI), lo que permite aplicar una política monetaria más laxa y sostener un dólar más alto que en el vecino país.
El tercer factor es el menor conflicto entre mercado interno y mercado externo que supuso la confirmación del complejo sojero como una de las principales fuentes de divisas. Este conjunto de bienes representa hoy 20% de nuestras exportaciones (contra 15% en 1999) y prácticamente no se consumen en el mercado doméstico. De allí que se puedan absorber precios altos de la soja sin impacto en el salario real. Esto la diferencia de otros commodities como el trigo, el maíz y la carne, que son penalizados para mejorar los salarios reales sin generar mayor impacto sobre la balanza comercial (estos tres bienes representan hoy sólo 8% de las exportaciones contra 11% en 1999).
3) ¿Qué amenazas existen hoy a esta bonanza?
Hay algunos factores de corto plazo, que pueden introducir turbulencia y llevar a crecimiento subóptimo, y otros estructurales que pueden ser potencialmente más preocupantes. El factor más alarmante en el corto plazo puede ser la ansiedad por mantener una economía a todo vapor, con una política económica procíclica que podría terminar impulsando la inflación más allá de lo políticamente tolerable y generar alta volatilidad si en algún momento hay que bajar el ritmo de manera brusca. Hoy la economía está operando 5% por encima de su potencial y el crecimiento interanual de la recaudación de los impuestos ligados al nivel de actividad de enero sugiere que la demanda agregada empezó el año a buena marcha. Sin embargo, habrá que monitorear con cuidado la fuerte desaceleración de la inversión observada en el cuarto trimestre de 2006 (la tasa de crecimiento interanual cayó a un estimado de 6% contra 18% un año antes), para ver si las expectativas empresarias no se están anticipando a una posible ralentización de la economía o a un achicamiento significativo de su rentabilidad. Así, el escenario macroeconómico de corto plazo va a estar signado por los límites a la política económica que impone la inflación y por las tensiones distributivas que se van a ver reflejadas en las negociaciones salariales y en los acuerdos de precios. La forma en que se resuelva esta tensión va a ser clave.
4) ¿Cómo ve a futuro la rentabilidad de las empresas?
Una combinación de alta inflación subyacente, acuerdos de precios y aumentos salariales reales por encima de la productividad pondrían en jaque la rentabilidad empresaria y el autofinanciamiento de la inversión. Esa rentabilidad alcanzó un valor máximo de 14% en relación al stock de capital en 2004-2005, permitiendo autofinanciar la inversión, que mostró su máxima aceleración por aquel entonces. Dado que es difícil que el crédito se recupere significativamente en el corto plazo (hoy alcanza apenas 11% del PBI), hacia delante es clave que la rentabilidad ingrese en un sendero previsible.
5) ¿Qué efectos están generando los acuerdos y congelamientos de precios?
Detrás del aparente éxito de los acuerdos de precios y congelamientos de tarifas de servicios públicos se esconde que el «ahorro» que las familias obtuvieron por el congelamiento tarifario se ha desplazado a otro tipo de consumo, morigerando significativamente el impacto sobre la inflación. Desde el IERAL ya alertábamos sobre este tema, cuando mostrábamos que según el INDEC, las comidas para llevar y las comidas fuera del hogar aumentaron 100,3% desde diciembre de 2001 hasta marzo de 2006, comprarse ropa implicaba convalidar una suba de 114,9% (que sólo en parte podía explicarse por insumos importados) y que el turismo había sido el rubro que registró la mayor variación en ese período (150,2%). Entonces se tiene que, por un lado, el freno a la inflación por congelamiento de tarifas había sido de 10,4 puntos porcentuales y, por el otro, los sectores beneficiados por este mayor poder adquisitivo habían causado una suba adicional de 6,7 puntos porcentuales. El neto es de 3,7 puntos porcentuales de menor inflación, un resultado relativamente magro.
6) ¿Cómo está hoy la situación fiscal del gobierno nacional?
Durante los últimos 3 años la Argentina ha mantenido niveles de holgura fiscal interesantes, habiendo alcanzado valores de superávit primario en términos del PBI de 3,9%, 3,7% y 3,5%, respectivamente. Si bien para el año 2007 el ahorro continuaría ubicándose por encima de 3%, se mantendría la tendencia decreciente observada. El mismo gobierno establece en el Presupuesto aprobado que el porcentaje se ubicaría en 3,1% del PBI. En base a estimaciones de IERAL, un superávit en términos de PBI de esta magnitud podría darle nuevamente al gobierno margen para que aumente el gasto público en aproximadamente dos puntos porcentuales por encima del aumento en los ingresos.
Descontando del superávit primario el pago de intereses de la deuda pública, le queda al Estado el superávit financiero, ahorro con el cual debe hacer frente al pago de la amortización de capital de la deuda. Durante los últimos tres años, el superávit financiero alcanzó los niveles de 2,6%, 1,8% y 1,8% del PBI, respectivamente. Los valores iguales de los últimos dos años obedecen a que en 2006 disminuyó la carga efectiva de intereses en términos de PBI.
Si bien no se pretende afirmar que el superávit tenga como único destino la cancelación de deuda, se advierte que la relación entre superávit financiero y amortizaciones ha sido de 20% en 2005, de 24% en 2006 y se estima que en 2007 se reduciría a 22%, caída que estaría explicada en una partida de intereses en relación al PBI más elevada que en 2006 y en la propia disminución del superávit primario que espera el gobierno (ver Gráfico 1).
A pesar del esfuerzo fiscal que se viene realizando, hay que destacar que el stock de deuda prácticamente ha permanecido inalterado desde el canje impulsado a comienzos del año 2005, presentando inclusive un ligero incremento de 3% entre marzo de ese año (después de la reestructuración) y setiembre de 2006 (ver Gráfico 2).
7) ¿Está reduciéndose o no la deuda? ¿En qué magnitud?
Resulta interesante distinguir los factores por los cuáles puede crecer la deuda argentina después de la reestructuración. En primer lugar, el stock puede variar a partir de la relación entre lo que el Estado emite de deuda y lo que paga en concepto de amortizaciones durante un período. En segundo lugar, y debido a las características intrínsecas de la deuda argentina actual, el stock puede variar según el comportamiento que tengan la inflación y el tipo de cambio nominal. Dado que una importante porción de la deuda de nuestro país, concretamente 42%, se encuentra nominada en pesos y ajusta por CER, la inflación hace aumentar el nivel de endeudamiento. Por otro lado, subas en el tipo de cambio nominal hacen que la deuda en pesos disminuya cuando se la expresa en dólares (1). Entonces, en función de cómo sea la evolución relativa de la inflación y del tipo de cambio nominal, la deuda puede aumentar o disminuir. Aumentos de la inflación superiores a los del tipo de cambio aumentarán el stock de deuda, mientras que un comportamiento inverso lo reducirá.
Durante el período setiembre 2005-setiembre 2006 se observa que el stock de deuda aumentó en prácticamente u$s 4.200 millones. Teniendo en cuenta los factores anteriores, u$s 1.000 millones obedecen a un endeudamiento superior a las amortizaciones de capital realizadas (se adelantó financiamiento), u$s 2.600 se deben a que la inflación del período superó a la variación que tuvo en el mismo el tipo de cambio nominal y u$s 600 millones responden a ajustes varios.
Si bien es preciso realizar un análisis profundo de consistencia entre los datos de deuda pública y el esquema ahorro-inversión-financiamiento del sector público nacional, surge claramente que el superávit fiscal no fue usado en su totalidad para cancelar deuda. En efecto, gran parte del mismo habría ido a engrosar los activos financieros del Estado (cuenta inversión financiera del cuadro ahorroinversión).
A pesar de que en términos nominales el stock de deuda ha aumentado en un año en unos u$s 4.200 millones, en términos del PBI de la economía se ha reducido en 8,3 puntos porcentuales, pasando de 71,8% en setiembre de 2005 a 63,4% en setiembre de 2006. Si se tuvieran en cuenta los «holdouts» que no ingresaron al canje, el stock de deuda habría pasado de 85,2% a 75,8% del PBI, durante el mismo período. Sin hacer un análisis integral de la situación patrimonial del sector público nacional, lo que se observa es que el ratio stock de deuda y PBI viene disminuyendo básicamente por aumentos en el denominador, siendo ya bien conocida la performance del PBI en este período.
8) ¿Qué tan delicada es la situación fiscal en las provincias?
Si bien bajo una mirada general puede decirse que las provincias no han creado nuevos impuestos (lo que han hecho es con los mismos tributos gravar actividades que antes no lo estaban), han recibido un importante flujo de ingresos provenientes de la Nación. A pesar de que la tasa de variación de estos recursos se ha venido desacelerando en los últimos años, aún continúa siendo importante, tal como se lo aprecia en el gráfico.
Por otra parte, las provincias también han evidenciado importantes mejoras en la recaudación propia. Dentro de ésta, es muy interesante observar el comportamiento que ha tenido su composición. En efecto, el Impuesto a los Ingresos Brutos pasó de representar 56,2% de la recaudación propia en el año 1998 a constituir 66% en 2005, existiendo 16 de las 24 jurisdicciones con un porcentaje superior a este promedio.
En función de este comportamiento de los ingresos, que se han vuelto más procíclicos, y de la dinámica que las provincias le imprimieron al gasto público, se generaron niveles de ahorro primario en términos del PBI de 1,3% y 0,7% en los años 2004 y 2005, respectivamente. La tendencia decreciente seguramente continuó en 2006.
Hoy las provincias se ven enfrentadas a dos importantes desafíos: por un lado, cómo harán frente a los pagos de los servicios de la deuda pública que tienen; y, por otro, cómo atenderán las demandas de aumento de gasto público que con alta probabilidad ocurrirán en un año electoral. Un dato objetivo es que los Presupuestos 2007 de varios de los principales distritos del país ya fueron aprobados con déficit fiscal consolidado. Si bien en algunas jurisdicciones se han creado fondos anticíclicos, los montos depositados en los mismos son relativamente escasos.
Tal como ya ha sucedido en otros años, las provincias tienen por delante un desafío concreto de corto plazo, relacionado exclusivamente con la supervivencia. Siempre sigue estando presente el desafío de hacer menos procíclica su política fiscal, característica que las lleva a los cuellos de botella que deben enfrentar como se pueda en el corto plazo. De no revertirse esta situación, los problemas a resolver serán cada vez mayores (se supone un esquema de reparto federal dado).
Si la estructura de financiamiento provincial debe apoyarse básicamente en impuestos indirectos o disponer de una composición diversificada que brinde mayor estabilidad a los ingresos, es un tema abierto a la discusión. Pero si se consolida la elección de la primera opción es evidente que las provincias deben tomar con mayor seriedad y establecer de manera muy clara el funcionamiento tanto del gasto público como de los denominados fondos anticíclicos.
9) En conclusión, la Nación es responsable de casi todo el superávit.
En la actualidad, sin entrar en la discusión del origen del superávit, se aprecia que a nivel consolidado (que es como debe analizarse en un país federal como el nuestro) estaría por encima de 3%, pero con una tendencia decreciente y a la vez con una concentración casi exclusiva en el gobierno nacional. Este es un punto que merece especial atención, ya que resulta vital prevenir eventuales turbulencias. Se insiste en la necesidad de capitalizar los fondos anticíclicos nacional y provinciales todo lo posible, ya que la política fiscal debe transmitir señales contundentes que no disparen expectativas inflacionarias en los agentes económicos. Dados el nuevo escenario internacional y la posición de la Argentina en el mismo, reeditar un sendero de crecimiento sostenido similar al de 1870-1930 no es inimaginable. Pero concretarlo supone políticas macroeconómicas prudentes junto con una agenda de transformación estructural que va desde la formación de adecuados recursos humanos al facilitamiento del descubrimiento de nuevas actividades de exportación en sectores modernos, pasando por un mayor estímulo a la innovación en los sectores público y privado.
(1) Modificaciones en otros tipos de cambio, como pueden ser el euro, el yen u otras monedas, aparte del peso y el dólar, también pueden incidir en estas variaciones, si bien su impacto es menor al representar en conjunto sólo 12% del stock total de deuda.
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