Puede ser difícil de entender, pero en dólares (índices de Morgan Stanley) las Bolsas latinas que mayor rendimiento han tenido en el año son la de Buenos Aires, la de Caracas y algo detrás, la de Lima.
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Esto tiene bastante poco que ver con la transparencia, la calidad o cualquiera de las virtudes que debe tener un mercado bursátil para ser viable en el largo plazo, y en cambio mucho con la naturaleza de las principales cotizantes y la apetencia de ganancias del extremo más "jugado" del arco internacional de inversores.
Los tres mercados tienen algo que los aúna que va mas allá de lo político y es lo que los ha encaramado en el podio de 2006 (aunque podría decirse que es justamente la "política mercantilista", a la usanza del siglo XVIII, lo que los hace ganadores): el bajísimo desarrollo tecnológico de sus cotizantes y el elevado peso de las exportadoras de commodities, en particular las vinculadas al petróleo.
Venganza
Pero de la misma forma que la plata y el oro hicieron pensar que España y sus colonias serían ricas por siempre, en su debido momento la monodependencia de nuestros mercados se cobrará su venganza. Mientras tanto, los que quieran celebrar que lo hagan, pero que no olviden que mucho de lo que nos toca no es por méritos propios (la mejor prueba es que en moneda local, el Merval camina detrás de México y de Brasil), sino por la apetencia de riesgo de los de afuera.
La semana arrancó con una rueda olvidable, que fue de mayor a menor (el Merval quedó 0,16% arriba, en 1.972,73 puntos), y en la que las subas apenas superaron a las bajas por un papel, culpando a la Fed por el bajo volumen negociado (si restamos la inclusión vía cable del Banco Macro por $ 133 millones -vaya uno a saber qué implica para la sociedad-, apenas quedaron $ 44,5 millones operados en los demás papeles), algo que poco y nada debe preocupar a Ben Bernanke y los suyos, y la mirada puesta en el vencimiento de opciones del jueves. Nada importante.
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