Dijeron que fue un reclamo amistoso y hasta se animaron a bailar el tango en señal de “hermandad”, pero cientos de militantes sindicales brasileños llevaron ayer su queja por las limitaciones al comercio de electrodomésticos hasta la misma puerta del Consulado argentino en San Pablo. Reclamaron que Lula da Silva proteja más a la industria local.
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La manifestación no fue muy numerosa (entre 100 y 200 trabajadores), pero sí muy ruidosa y colorida.
Además, varios trabajadores con las camisetas de las selecciones de ambos países hicieron unos pases de fútbol, el deporte que mejor muestra la clásica rivalidad brasileño-argentina.
«Esta es una protesta con buen humor, porque la relación entre Brasil y la Argentina tiene que ser de fraternidad», declaró el presidente
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