Mar del Plata (enviado especial) - «No importa quién gane, demócratas o republicanos: con cualquiera la relación de Estados Unidos con la Argentina mejorará. América latina no está sola en mostrar un alto sentimiento antiestadounidense: la Guerra de Irak nos ha alienado con casi todo el planeta, salvo quizá la India.» La frase es de Nelson «Strobe» Talbott, ex vicesecretario de Estado durante el gobierno de Bill Clinton (1994/ 2001) y amigo del ex presidente desde que eran becarios de Rhodes en Oxford.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Este graduado de Yale, periodista devenido funcionario y hoy catedrático, llegó a Mar del Plata invitado por su amigo Andrés Von Büch y cerró la jornada del Coloquio de IDEA hablando de la globalización, la región y el conflicto de Medio Oriente. Algunas horas antes, Ambito Financiero mantuvo una charla exclusiva con Talbott, cuyo nombre suena como miembro clave de un posible gobierno encabezado por Hillary Clinton.
Periodista: Nunca como ahora se percibió un sentimiento antiamericano tan fuerte en América latina. ¿Piensa que se puede revertir?
Strobe Talbott: Lamentablemente, América latina no está sola en ese campo; el sentimiento antiamericano está en su nivel más alto de la historia en todo el mundo. Acabo de regresar de Turquía, nuestro aliado en la OTAN, y allí la aceptación de Estados Unidos está en un dígito. En América latina estamos muy mal en ese departamento, es cierto, y quizás en la Argentina sea peor que en cualquier otro país.
P.: ¿Peor que en Venezuela?
S.T.: Creo que buena parte de la mala imagen que tenemos en la Argentina debe atribuirse justamente a Venezuela. De todos modos, en el futuro cercano la Argentina y Estados Unidos caminarán hacia un mejor entendimiento. Una de las claves para esto es que Washington no debata con Hugo Chávez, no dejarnos usar como chivos expiatorios. Chávez se ha hecho un picnic atacando a George W. Bush, y el presidente -creo yo de manera inteligente- decidió no confrontar más con él. Lo hizo una sola vez y luego lo dejó hablar.
P.: Pero estamos en Mar del Plata y esta ciudad fue escenario de una de las quizá peores experiencias del presidente Bush en la región, justamente por Chávez...
S.T.: Sí; Chávez aprovechó la Cumbre para atacar a Bush. ¿Con apoyo del gobierno argentino? No lo sé. Pero para Bush fue una experiencia traumática, muy poco feliz. Pero en Washington está claro que no se quiere que este tema pese sobre las futuras relaciones entre EE.UU. y la Argentina. Ustedes, además, están en transición. Y nosotros lo estaremos dentro de poco.
P.: ¿Esas relaciones mejorarán si ganan los demócratas la elección presidencial de 2008?
S.T.: No importa quién gane, demócratas o republicanos: con cualquiera de los dos, la relación con la Argentina mejorará. La Guerra de Irak ha generado muy malos sentimientos hacia Estados Unidos en todo el mundo y
seguirá haciéndolo para el próximo gobierno, pero estoy seguro de que quien suceda a Bush entenderá (y obrará en consecuencia) que no es posible seguir allí solos, sin un consenso de países. Lo hecho por Bush es una ruptura respecto de lo hecho por los once presidentes que lo antecedieron, desde Franklin D. Roosevelt hasta Bill Clinton, en su aproximación al mundo.
P.: ¿Cuál es esa ruptura?
S.T.: Que nunca se puede ir solo a un conflicto; siempre se debe hacerlo con el apoyo de otros países. Es un principio operativo que se aplica desde Roosevelt. Creo que Bush piensa que las alianzas y los organismos multinacionales demoran, traban, dificultan. Y además sospecha de otros Estados, creo yo, como consecuencia directa del 11 de setiembre.
P.: Recuerdo que en 1967, Lyndon Johnson desactivó el plan Regatta para romper el bloqueo del Golfo Pérsico porque no logró convencer a otros países de acompañarlo, y eso devino en la Guerra de los Seis Días... ¿La situación es similar a lo que usted plantea?
S.T.: Así es; antes de viajar para acá estuve en una reunión con colegas del Departamento de Estado en la que participó Condoleezza Rice y un hombre que fue muy exitoso como embajador en Israel y ex subsecretario mío, Martin Indyk. Y se dijo que esta vez hay buenas perspectivas de paz en la región, siempre y cuando los países árabes acepten los términos de lo que podría llegar a acordarse en la conferencia de Anápolis. De nuevo: no es posible lograr éxitos en soledad.
P.: ¿Cuáles serían los términos de ese acuerdo?
S.T.: Mire, la Guerra de los Seis Días fue hace 40 años ya (junio de 1967) y desde entoncestodos saben cuál es la solución al conflicto. Israel debe regresar a las fronteras previas a esa guerra, Jerusalén Oriental debe ser de algún modo la capital de Palestina, se debe permitir el retorno de los palestinos a lo que son hoy los territorios ocupados, pero no a territorio de Israel y todos los países vecinos deben reconocer al Estado judío. Creo que «Condi» Rice puede llegar a convencer a Siria y a Arabia Saudita (Irán es un caso aparte), y tener éxito.
P.: ¿Por qué Anápolis será distinto de lo sucedido en Camp David? (Allí Clinton, Yasser Arafat e Yitzhak Rabin acordaron una paz que nunca se concretó.)
S.T.: Porque estaba el presidente, sentado con los otros dos jefes, negociando en persona hasta el último de los detalles. Ahora debería ser distinto. Usted sabe lo que decimos en Estados Unidos: «Devil resides in details» (el diablo habita en los detalles).
Dejá tu comentario