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Se produjeron muchos cambios en Argentina desde la hiperinflación de los '80, pero a medida que la historia económica se desarrolla, mucho sigue siendo igual extraordinariamente.
Para que la fiesta continúe, el gobierno mantiene artificialmente un peso débil para asegurar "la competitividad de las exportaciones" y, en la mente del gobierno, la prosperidad continuó. Esto por supuesto, es lo que está disparando la inflación.
Incluso existe poco en la retórica del gobierno para sustentar la teoría de que el banco (central), que claramente no es independiente, ajustará los flujos de dinero después del domingo. De hecho, el presupuesto del gobierno para los pronósticos del próximo año de una inflación de dos dígitos del 10%, envía una señal de tolerancia. Además, los números de inflación del 2005 fueron contenidos por la negación del gobierno de ajustar salarios y por el control de precios en algunos sectores.
La divergencia entre las preocupaciones de los inversores acerca de los derechos de propiedad y un gobierno que ideológicamente se opone a respetarlos se convertirá en una fuente de preocupación.
El fuerte crecimiento de los últimos tres años se dio en un clima de una utilización ociosa de la capacidad productiva, principalmente en el sector comercial donde la inversión no es tan crucial y donde el peso devaluado ayuda a realizar grandes exportaciones. Pero la mejora en las infraestructuras no es adecuada, que desalienta los emprendimientos necesarios para las comunicaciones, el transporte y otros servicios. Un alto grado de incertidumbre en el sector energético, nuevamente conducido por la actitud sancionadora del estado hacia la titularidad de bienes y ganancias, fue más dañina.
Existen otros problemas en el horizonte. Esta semana, Argentina sugirió generosamente que podría perdonar los pecados del Fondo Monetario Internacional y comenzar las negociaciones de préstamos nuevamente. ¿Puede esto relacionarse con los 7 mil millones de dólares en pagos debidos al Fondo desde el presente y hasta finales del 2007?. Mientras tanto, el sector exportador fuertemente dañado por la aplicación de impuestos está siendo apretado a medida que los costos aumentan aún cuando el gobierno busca un tipo de cambio nominal débil.
Nadie espera que Argentina vuelva el terror inflacionario de comienzos de los '80, cuando el banco central se autohumilló al punto de emitir un millón de pesos. Pero eso implica poco consuelo para los argentinos quienes, en una nación de muchas promesas, experimentaron muchos cambios pero poco progreso.
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