Normalmente lo acostumbrado es ver un día en que el mercado cae, pero el humor de los intermediarios y analistas es claramente positivo. Lo raro es ver algo como lo de ayer, donde a pesar de la suba que experimentó el Dow, que tras ganar 0,2% cerró en 10.632,35 puntos, los comentarios fueran tan negativos. Mucho más que lo que podrían sugerir la baja que tuvieron las acciones tecnológicas, apenas 1.68%, o el que tradicionalmente se considera el más representativo de todos los índices el S&P 500, un mínimo 0,23%. Seguramente mucho tuvo que ver el nuevo paso al costado que dieron los inversores, reflejado en los apenas 1.312 millones de acciones operadas en el mercado tradicional o los 1.730 millones de papeles negociados electrónicamente. Lo mejor que llegó a escucharse fue que dado el cúmulo de malas noticias que asolaron el mercado, las cosas podrían haber sido peor. Es cierto que Nokia advirtió sobre una esperada caída en sus ingresos por ventas de equipos para redes, pero esto no significa que la empresa vaya a perder dinero. También es cierto que la SEC inició una investigación sobre los números de Worldcom, pero no es la primera vez que ocurre algo así, y no hay muchas razones para suponer que esto afectaría en el peor de los casos a otras firmas. Que la gente de Microsoft disminuyera sus proyecciones de ganancias para Microsoft, tampoco es algo como para hacer que alguien repiense de manera profunda su visión sobre el mercado. Y que Nortel y Lucent volvieran otra vez con malos números no es ninguna noticia inusual. Por último es cierto también que el mercado abrió en terreno negativo, pero poco después de la una de la tarde las blue chips pasaron sin gran dificultad al sector ganador. Veremos hoy si, como parece, se sobrerreaccionó.
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