Recién entre 2002 y 2003, el área de Defensa de la Competencia recuperó la norma, y, en enero pasado, el Poder Ejecutivo implementó el control del consumo de energía de las heladeras, al incorporar un nuevo elemento de referencia al precio, la marca y la calidad: A nivel internacional se califican las heladeras en siete rangos desde la letra A (la más eficiente o más económica) hasta la G (la menos eficiente o menos económica). Esto ya rige, por ejemplo, en la Unión Europea, en Estados Unidos, Japón y hasta en Brasil.
Esto tiene implicancias para la actual industria local, que deberá adaptar la matricería a los futuros requerimientos de eficiencia energética. Para ello tendrá un año. La clave pasa por el espesor de las paredes de la heladera, o sea el aislamiento, más que por la eficiencia del motor. Tanto los fabricantes locales como los importadores deberán registrarse para que laboratorios autorizados como el INTI hagan ensayos y certifiquen que sus heladeras cumplen con los mínimos de eficiencia energética para poder ser comercializadas. Meses atrás, México prohibió el ingreso de varios contenedores de China con heladeras calificadas por debajo del nivel G. Esas 15.000 heladeras chinas terminaron en el mercado argentino.
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