Ayer, Roberto Lavagna confesó que para paliar la crisis energética, el gasto será mayor que el inicialmente previsto y llegará a $ 2.000 millones. Puede ser aún superior. Es reflejo de la falta de medidas de fondo y de la demagogia observada a partir de la salida de la convertibilidad. No había dudas desde entonces que en algún momento el país iba a enfrentar problemas de energía. Ahora, eso tiene un costo de $ 2.000 millones que ni siquiera resuelve las dificultades que tendrán los sectores más pobres (sin conexión de gas), hoy casi en 50% de la población. El ministro, al mismo tiempo, comunicó que este año habrá un aumento total del gasto por 5.000 millones. Incluye, además de esos $ 2.000 millones, los anuncios ya efectuados de subas a estatales (abarca a universitarios y fondo docente) y jubilados. El plan de seguridad se llevará $ 300 millones. Tontamente, se posterga una reducción de impuestos (IVA, cheque y retenciones están en niveles récord) que generaría más actividad económica y empleo. Y hasta votos -o mejora de imagen si se quierepara Néstor Kirchner. Todo lo contrario: Lavagna aumentó la presión tributaria (aportes patronales y más retenciones) este año. Es, al mismo tiempo, un error de los técnicos del FMI, que en la firma del acuerdo, además de metas de superávit, olvidaron imponer un tope para el gasto público.
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