No va a ser fácil criticar desde lo económico el gobierno Kirchner por lo menos en los próximos 10 meses a un año. El acuerdo con el Fondo Monetario, vía Estados Unidos, es un placebo por unos 12 meses cuando recién entrarán a discutir las imposiciones duras. El proyecto de Presupuesto 2004 enviado por el gobierno al Congreso está en la misma línea, es tan light como su principal autor, Roberto Lavagna, a quien risueñamente llamaban «cocaína», porque «crea la ilusión de estar bien un tiempo pero en definitiva te acerca a un desastre». En este presupuesto, con mayor recaudación de $ 8.500 millones, la Argentina se dará el inmenso lujo en medio de una crisis terminal, de destinar la mitad a incrementar el gasto público (aunque los enojados acreedores del exterior nos van a depellejar por esto cuando ellos no cobran). Habrá $ 240 millones más para la Justicia; para lo asistencial y seguridad social $ 980 millones (Alicia Kirchner); $ 200 millones más a universidades; para el Ministerio de Planificación con obra pública (Julio De Vido) mil millones más; al Ministerio de Trabajo un neto de aumento de $ 1.600 millones; $ 650 millones más a Ciencia y Tecnología; ese problema de todos los gobiernos del incentivo docente -que hasta provocó «carpas» de protesta-ya dejó de ser problema y se pagará.
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¿Quién es, entonces, el osado que se atreva a objetar este reparto al gobierno Kirchner? ¿Quién es el renegado antiargentino capaz de levantar una palabra contra lo justo que es darles más fondos a nuestras universidades, hacer obra pública -aunque sea chica-para dar trabajo o conceder más planes asistenciales a carenciados, entre otros?
Nadie lo hará en los próximos meses. Será hereje el que lo intente. La sociedad además lo repudiará porque todos nos veremos no mucho mejor pero ni un paso atrás en relación con lo que ahora tenemos.
En un pequeño rincón, donde los que piensan dudan, verán que si tuvimos 42% de inflación el año pasado, menos de 5% este año (algo muy bueno), 10% calculada para el próximo, no permitimos actualizar los balances por inflación y consideramos mayor la ganancia por la suba de precios y cobramos impuestos por esos beneficios ficticios -de donde se proveerá parte considerable de las sumas a distribuir vía presupuesto-habrá que concluir que nos estamos comiendo el capital, la recomposición de la tecnología, el mantenimiento de su modernización. Estamos distribuyendo como dinero lo que debíamos destinar a invertir (debemos invertir por lo menos $ 42.000 millones por año para no descapitalizarnos). Pero no se puede ante la voracidad de este Estado y su carencia de visión de mediano plazo. No capitalizaremos al sistema bancario porque hay otro voraz «impuesto al cheque» que nos cuesta casi tanto como nos pagan de tasa si colocamos en plazo fijo nuestros ahorros. Ni pensar en que al agro le bajaremos las retenciones.
•Realidad dolorosa
En ese pequeño rincón pensaremos también que en los años 2005 y 2006 nuestro buen pasar de los próximos 12 meses derivará en una nueva dolorosa realidad: tras los tres años de gracia que nos tomamos deberemos afrontar el pago de la «nueva deuda» (no la defaulteada); concretamente del BODEN que mantenerlo a flote es casi nuestra última tabla de salvación de credibilidad financiera.
Solo en el 2005 tendremos que pagar unos 5.000 millones de dólares extra con lo cual el Fondo nos exigirá no 3% del PBI de ahorro (que es casi indoloro para 12 meses si este año ya tendremos 2,8% y nos exigían menos). Exigirá entre 5 y 6%. Cuando los capitales avizoren que vienen tiempos terribles no se irán ahora pero sí en las proximidades de un nuevo desastre. Y eso acentuará el dolor, nuestra pobreza. ¿Justificará el volver a estar mal no haber graduado mejor el momento de estar aliviados?
No nos engañemos con que un fallo de un juez de Nueva York a favor de ahorristas por 700 millones «no es nada». Ni el Banco Nación ni el Provincia ni ninguna repartición argentina podrá tener cuentas bancarias fuera del país porque se las embargarán. Ninguna Fragata nuestra podrá ir a determinados puertos (hasta norteamericanos). Y para los gastos de nuestras embajadas y consulados en todo el mundo habrá que llevarles dólares en «valija diplomática» para que paguen cash hasta la compra de alimentos porque no podrán tener cuentas corrientes con dinero del gobierno argentino.
Vamos a estar un tiempo relativamente bien de ahora en más, es cierto. Salvaremos el momento, no lo dude. Salvaremos la popularidad del gobierno. Defenestrarán al que se atreva a objetar algo y hasta parecerá justo por «contreras». No vamos a salvar el futuro. Eso es para Lula Da Silva que prefiere la sinceridad de un duro momento actual. Pero tiene el futuro.
•Atractivos
Deberíamos mejor aprovechar el tiempo que viene para crear condiciones atractivas de país para la inversión, para la concurrencia de capitales. Es feo decir que no investiguemos tanto en ciencia ahora con el incremento de partidas previstas en el presupuesto. Pero peor será decirles en el año 2005 que tiren a la basura todo los que comenzaron a investigar porque no tendrán más los fondos.
Para hacer un país sólido y sobrellevable a partir del año 2005 no debería desperdiciarse la facilidad que por 12 meses nos dio el Fondo Monetario. Néstor Kirchner no es Eduardo Duhalde que gobernaba un tiempo y le derivaba los problemas al que lo sucediera. Kirchner tiene que gobernar hasta diciembre de 2007. El neopopulismo, como eso de la cocaína, es euforia temporaria.
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