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20 de diciembre 2007 - 00:00

Principio de la fiesta navideña

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Súbitamente, decrecieron las luces, se ingresó a un desarrollo ganado por la modorra y ni siquiera le quedó al mercado la fuerza de su volumen para mostrar una faceta bien activa y elogiable. Lo de afuera venía dentro de la tesitura de inestabilidad de ruedas previas, terminando el Dow en la zona de 0,21 por ciento de desmejora. Y en tal aspecto, como que los operadores están pensando en el ejercicio 2008 y darle un punto final al ya fastidioso -y casi odiado- devenir de 2007.

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Captó el Bovespa un poco más de repunte, para quedarse con 1% de beneficio en el día y bastante interesante, a juzgar por el contexto abúlico. En el Merval no sucedió nada parecido, deambulando por la zona de los pisos y teniendo la meta de no volver a perforar los 2.100 (casi como la única esperanza en el día). Su mínimo se registró en los 2.115 puntos, tocando máximo de 2.135 y para culminar con las 2.130 unidades. Esto arrojó apenas 0,20% de diferencia positiva, una diferencia que no hará historia y solamente como símbolo de que en el día hubo vida.

  • En contracción

  • Lo más llamativo no fue el renglón de los precios, tan desvaído como viene, sino la merma en la acumulación de negocios para acciones. Solamente en los $ 79 millones de efectivo quedó el saldo, cubriendo tímido 8 por ciento sobre los totales generales. Y así, con pesadez en negocios y poca convicción de la demanda, se redondeó un día que pareció estar mucho más cerca de Navidad que lo que dice el calendario. Si era el viernes, ya con efluvios cercanos, hubiera pasado más disimulado el quedo del mercado y su ritmo.

    Acaso preparatorio de lo que reste por ver en 2007, yéndose lánguidamente un ejercicio que ha dejado más espinas que rosas en el mundo bursátil, y en nuestro jardín porteño, en particular. No vale buscar recorridos cuando casi todas estuvieron durmiendo una pesada siesta. Y la Bolsa, acostada.

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