13 de marzo 2002 - 00:00

Revelaciones de un magistrado

(Diálogo con un hombre de la Corte Suprema: jugosas impresiones sobre la otra cara de la luna del juicio político, impulsado en su momento no sólo por Elisa Carrió y otros elementos de izquierda. Lástima que a esta gente de la Justicia le disguste aparecer por TV para defenderse y atacar. De ahí que vale lo que sigue.)

PERIODISTA: ¿Parece que les cambiaron los interlocutores desde el gobierno? ¿Qué pasó?

Magistrado:
Es cierto, han postergado a los anteriores que, más que negociar, parecía que debían «apretar». Así pasaron Carlos Soria (SIDE), también el propio Vanossi (Reynaldo, ministro de Justicia).

P.: ¿Y ahora quiénes dialogan o aprietan?


M.:
Hay gente más razonable. Como Remes, también otros funcionarios de gobierno que no se llevan las cosas por delante. Pero no me haga hacer nombres.

P.: Parece extraño que tuvieran problemas con Vanossi; él se reputaba de ser amigo o bien conocido por la totalidad de los 9 miembros de la Corte.


M.:
Es cierto que nos conoce a todos y que, al principio, cuando se presentó, nos dijo que él iba a ser guardián de la Constitución, que no se iba a prestar a tareas sucias debido a que no iba a tirar por la borda 42 años de carrera como constitucionalista. Sin embargo, después entró en la lucha callejera y, al ver los cacerolazos que nos hacían, empezó a decir: «A ver cuántos cacerolazos aguantan estos viejos que no los podemos echar por la ventana». Una sorpresa desagradable este hombre que hizo afirmaciones mafiosas, olvidando que cualquier desplazamiento debe ser prolijo, un ajusticiamiento, sin duda, pero con la apariencia de una cosa bien hecha.

• Gravísimo

P.: Veo que Vanossi no le cae bien.

M.:
¡Cómo me va a caer bien alguien que hace poco justificó -en una carta pública-que en la emergencia se puede cerrar el acceso a la Justicia! Es gravísimo y una defraudación al derecho. Finalmente, es el ministro de Justicia, no hay que olvidarlo.

¿Cómo se puede decir que por una situación de emergencia la gente no puede llegar a la inter-vención de un juez? ¿Bajo qué régimen jurídico se puede concebir la existencia de normas que lleguen a privar el acceso a la Justicia? Por declaraciones de este tipo, al margen de disparates que hacen otros jueces, se entiende que desde el exterior -como lo manifestó el FMI-se pregunten por la seguridad jurídica en el país.

No puedo creer que el Presidente, que es abogado, haya aceptado estas expresiones de su ministro.

P.: ¿Usted cree que el gobierno participó de la campaña para echarlos?


M.:
No le quepa duda. En la primera reunión de gabinete, en enero, empezaron con este tema. Luego siguieron con la reforma constitucional, con reducirnos de 9 a 5. Por último, para hacerla corta, nos enfrentaron con la gente diciendo que habíamos convalidado el «corralito».

P.: ¿Fue espontáneo, premeditado o por reacción a deter-minada medida?


M.:
Sospecho que hubo temor porque uno de los miembros le comentó a Vanossi que teníamos preparado un fallo declarando la nulidad de la Asamblea Legislativa que designó presidente a Duhalde. Fíjese que nosotros, cuando llegó esa propuesta de nulidad, lo que hicimos fue declararnos incompetentes y lo mandamos a primera instancia. De modo que, aparte de bloquear la cuestión, le borramos a Duhalde la sensación de ilegitimidad.

• Cuestionamientos

P.: Y con lo del «corralito», ¿qué ocurrió?

M.:
Para el gobierno, ése fue un impacto negativo; pretendía que lo avaláramos. Sin embargo, ya desde el 11 de enero le comunicamos al ministro Remes que teníamos serios cuestionamientos a esa medida. Inclusive, hasta se lo dijimos a Oscar Lamberto en una reunión el 15, cuando estábamos presentes 7 de los 9 miembros (ausentes: Enrique Petracchi, de vacaciones en Brasil, y Carlos Fayt, enfermo). El día que finalmente lo sacamos, Duhalde habló por teléfono con Nazareno (Julio) y éste lo notificó de la decisión. Soria también habló y nos pidió que lo demo-ráramos dos horas. Hubo una espera, pero los 9 estábamos decididos a firmar; claro que, luego de ese rato, hubo tres que se borraron diciendo que no estaban en condiciones, que debían estudiarlo más (Gustavo Bossert, Augusto Belluscio y Petracchi). Le digo que, mientras tanto, consultamos a economistas, quienes nos dijeron que algunos bancos podrían tener problemas pero que el sistema no se iba a caer. Además, como se mostró luego, el gobierno dictó una norma que tornó de imposible ejecución la sentencia. Simplemente, en ese acto sólo tratamos de proteger formalmente la propiedad privada, declarando la inconstitucionalidad del «corralito».

P.: Veo que para entonces ya estaban en crisis con el Ejecutivo...


M.:
Reconozco que así era. Esa tensión ahora ha disminuido parcialmente.

P.: Pero, en el ínterin, ¿siguieron los conflictos?


M.:
Claro, los escraches y la composición de la Comisión de Juicio Político luego de la reunión, en Olivos, entre Duhalde, Alfonsín, Storani, Moreau y Vanossi. Allí discutieron cómo nos iban a echar de la Corte. Una desvergüenza.

P.: Convengamos que, en todo caso, Vanossi se montó en la ola que impulsaron el gobierno, Alfonsín y, sobre todo, Elisa Carrió.


R.:
Sí, con la paradoja de que nuestra máxima acusa-dora fue fiscal ascendida en su provincia en medio de la masacre de Margarita Belén. ¿O no fue prebendaria de la administración militar del general Serrano, el mejor amigo de Jorge Rafael Videla? No entiendo, a veces, a los defensores de los derechos humanos. Para ellos, ese episodio no existió. A ella le perdonan todo y la Carrió hace con nosotros lo mismo que ha hecho con la Comisión de Lavado: echa alquitrán, ensucia, y luego resulta que los papeles eran falsos. Sólo hace daño.

P.: ¿Supone que la Comisión alcanzará el objetivo de removerlos?


M.:
Mire, todo puede ocurrir en este santo país, pero el juicio político no debería salir siquiera de la Comisión. Salvo que yo me hubiera apartado en forma bochornosa de la ley, cabría un juicio. Y eso no ha ocurrido. Una cosa es salir por televisión diciendo barbaridades y otra es escribir seriamente.

P.: Pero hay sentencias cuestionables, por ejemplo la de Aerolíneas Argentinas.


M.:
Bueno, pero ésa es la única que no pidió la Comisión de Juicio Político. Por algo será. Tampoco sé por qué la Carrió un día decidió olvidarse de un c o m p a ñ e r o nuestro luego de haberlo denunciado. Cualquiera de la «mayoría automática» que le hubieran encontrado una cuenta en el exterior sin declarar, ya estaría crucificado. Pero esto no lo digo para que lo volteen a Petracchi; al contrario, creo que es un gran magistrado.

P.: ¿He descubierto una interna en la Corte?


M.:
No exactamente, aunque nadie ignora que Petracchi concibió aquel per saltum para Aerolíneas mientras algunos integrantes de la «mayoría automática» votaron en contra (Eduardo Moliné O'Connor y Nazareno).

P.: La «mayoría automática», usted mismo se ha involucrado.


M.:
Mire, desde que empezó el mote de la «mayoría automática» me dediqué a juntar fallos nuestros y de los Estados Unidos ya que, como se sabe, ambas constituciones son semejantes. Los fallos son los mismos, pero supongo que nadie se atreve a decir que Carlos Menem influye sobre la Corte norteamericana. Esto nunca fue considerado y a nosotros, cada vez que nos pronunciábamos nos decían que alguien nos llamó por teléfono o que había algún negocio raro. Mire, hasta el rebalanceo telefónico se tomó con referencia a casos parecidos juzgados en los Estados Unidos. Es gracioso que sobre unas 17 mil sentencias de la Corte, la «mayoría automática» sólo se juntó para una docena de casos. Nunca algo más injusto.

P.: ¿Coincidieron en ciertos temas sensibles?


M.:
Tampoco es así. Fíjese que no lo fue ni en la liberación de Carlos Menem, a quien encarcelaron luego de una campa-ña mediática y política. La Corte se pronunció como correspondía y algunos jueces, en rigor, se han prestado al juego de la izquierda o de la ventaja política. Observe lo de Alderete, un hombre que estuvo 16 meses preso sin ninguna razón, sin la más mínima prueba, sin siquiera una pericia contable. Hay que leer el expediente para darse cuenta. Muchos hablan sin hacerlo. Lo quisieron meter preso y encontraron a un magistrado para que lo encarcelara. Hasta se lo puede decir el mayor asesor de Duhalde en materia jurídica, León Arslanian, que era el defensor de Alderete. Si quieren una Corte adicta, que voten lo que a ellos se les antoje; nadie estará a salvo en el país, todos perderemos la libertad.

P.: Usted, por lo que dice, ya no le asigna importancia a la Comisión de Juicio Político...


M.:
Pueden hacer lo que quieran, la Comisión o gente del gobierno. Pueden difamarnos, dañarnos y hasta echarnos. Pero no se olvide que por encima del Congreso está ahora la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ya pasó en Perú y debieron reponer a los jueces. Hoy la fiesta no es gratis. Pero, creo, si no lo hace Diputados, el Senado procederá con cordura. Mientras, vamos a luchar. Algunos ya están entendiendo.

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