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23 de octubre 2008 - 00:00

Se mimetizó con baja en el mundo

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Como si no faltara nada, el chocolate se puso espeso del todo al meter en la taza propia unas barras adicionales de lo que pasaba por afuera. En Wall Street parecen asombrarse de «balances malos», como si pudiera esperarse otra cosa, lo que demolió al Dow Jones y lo llevó a una depresión de 5,6%. A partir de allí, todo lo demás cabía -y sin asombros- frente a la extrema debilidad que denota la tendencia global.

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En el Bovespa ya se hizo hábito el andar suspendiendo la rueda, que en el recuento final les dio otra casi 10% de perforación. A México le fue por el estilo y el trencito bursátil se mostró muy armonioso, en su camino por la ladera. Buenos Aires tenía sus propios «argumentos», gruesos, para pronosticarle una rueda pésima: emparentable, o no, con el exterior. Al menos, quedó el típico triste «consuelo», de ver a todos en la misma y sin perder terreno solos. Y fue un derrape espectacular, hasta llegar a las 17, donde el índice Merval coincidía con el horario: 17% de caída.

  • La «reacción»

  • Cuando hay abreviaturas de última hora, siempre está presente que ante ruedas muy delatadas en su curso: los que colocaron posiciones de entrada, cubrieron al final. Y mutando de vendedor a comprador, para tomar alguna diferencia en el «trading». Especie de salario del miedo, modo de utilizar al mercado cabeza hacia abajo. Y en la desesperación, todo sirve. El hecho fue que se recortó la pérdida a 10% y allí quedó Buenos Aires, tan parejo como colegas de la región.

    Un volumen de importancia, $ 110 millones efectivo, donde se produce un cambio importante: con igual suma de efectivo, se transan muchos más papeles que antes. Y el ritmo «nominal», como que se duplica.

    Wall Street completa otro de sus «octubres negros», un clásico de la historia. Buenos Aires, atormentada por golpes súbitos locales (ya es hábito, también). Y la Bolsa, de luto.

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