Uno de los tantos cafés que esperan ser demolidos para que se construya en ese lugar un edificio.
Apesar de que «comer afuera» se consolida como una de las actividades de tiempo libre preferidas por los porteños, en lo que va de 2008 y durante 2007 cerraron más de 200 restoranes y bares en la ciudad. ¿Cómo se explica este fenómeno?
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Sencillo: el valor de las tierras es hoy tan alto que supera la renta que puede dar un negocio gastronómico.
Algunos ejemplos de los cierres «inmobiliarios» de los últimos años son Amarelo, en Libertador y Blanco Encalada, que acaba de cerrar y se construirá allí una torre; Anyway, justo enfrente, cerraría en los próximos meses luego de ser adquirida por un desarrollador que ya tenía casi toda la manzana; La Brigada, en su ubicación de Sinclair y Demaría; la pizzería de Cabello y Scalabrini Ortiz; Pompeii, un restó de Las Heras y Austria; el café de Mansilla y Pueyrredón; Cangas de Narcea, también en el bajo Palermo; el Avenidas en el cruce de San Juan y Paseo Colón, entre otros. Algunos están, otros fueron demolidos y otros ya dejaron paso a un rascacielos de departamentos.
Lo cierto es que, a este paso, los porteños podrían quedarse sin lugares para desayunar, encontrarse con amigos, leer el diario, navegar por Wi-Fi o, simplemente, tomar un café.
El número mayor de lugares que cierran, según datos proporcionados por la «Guía Oleo», se registró en Palermo, Belgrano, Recoleta, San Telmo, el Centro, Almagro, Las Cañitas y Puerto Madero. Obviamente, estas zonas son las más requeridas por los grupos inmobiliarios a la hora de edificar.
«Lo que sucede es que hay muy pocos terrenos libres para construir. Y los que hay son caros. Entonces, no queda otra opción que encontrar nuevos espacios donde construir», explicó a este diario Ignacio Aguirre Celis, del grupo inmobiliario CB Richard Ellis. Por eso los desarrolladores están a la caza de buenas parcelas con posibilidades de construir en altura.
Los empresarios del sector gastronómico y de cafeterías y confiterías manifiestan que el incremento en los costos de la mercadería y de la mano de obra redujo de manera considerable el margen de ganancias de su negocio, y que ésta es la razón principal por la cual deciden vender.
«El aumento en los costos hace que mucha gente tenga que cerrar sus locales, y los que son propietarios ven en la venta una salida que además les reporta un fuerte ingreso», aseguróEsteban Brenman, dueño de Guía Oleo, publicación especializada en el sector gastronómico. Agregó además que el aumento de 30% en los alquileres registrado en los últimos meses afectó a esa industria, sobre todo a los que son nuevos en el negocio y no tenían una clientela estable.
Altos costos
Coincide Manuel Novo, presidente de la Cámara de Cafés y Bares: «Hay esquinas de Buenos Aires que tradicionalmente fueron gastronómicas -como Las Heras y Austria, en Recoleta; o Cabildo y Lacroze, en Belgrano- que dejaron de serlo en los últimos meses porque sus dueños decidieron cerrar». El ejecutivo asegura que esto se debe a que «al aumentar el valor del terreno en general, se incrementó el costo de los alquileres, un costo imposible de afrontar para muchos; o también porque algún grupo inversor puso el ojo sobre los terrenos convenciendo a los propietarios de vender».
Asimismo, cada vez son más los inversores en inmuebles que recorren la ciudad en búsqueda de terrenos ocupados por establecimientos gastronómicos. «Los desarrolladores hoy apuntan a construir edificios pequeños porque el público de clase media demanda departamentos de uno o dos ambientes; además, se terminan de edificar más rápido y requieren de una inversión menor. Para este tipo de construcciones los terrenos de los restoranes y cafés son una buena opción», afirma Armando Pepe, dueño de la inmobiliaria que lleva su nombre.
Así, el cierre de gran cantidad de cafés y restoranes deja a los vecinos sin legendarios centros de reunión, y a los barrios les cambia la fisonomía. «No sólo se extraña el bar de la esquina -de Paseo Colón y Av. San Juan-, sino que además me preocupa que cada vez se construyan más torres, que modifican el paisaje del barrio», opina Abel Rodríguez, quiosquero del barrio de San Telmo.
«Es una lástima que se cierren bares y restoranes de tantos años en el barrio», se lamenta Gerardo Méndez, vecino desde hace 20 años de Palermo que hace tres años vio cerrar la mítica parrilla La Brigada de Sinclair y Demaría. Su lugar ya lo ocupa un edificio de viviendas.
Coincide Giselda Covello, de la inmobiliaria Covello Propiedades y vecina del barrio de Palermo, quien explica: «Como terrenos no quedan más, los dueños venden a valores impensables hasta hace poco. Por eso los restoranes cierran; de hecho nuestra inmobiliaria está donde antes funcionaba el restó Bistró», en Demaría y Sinclair. En buena medida este fenómeno lo hizo posible Enrique García Espil, secretario de Planeamiento Urbano del Gobierno de la Ciudad durante la intendencia de Fernando de la Rúa. El entonces funcionario impulsó la sanción -aprobada en julio de 2000- de una modificación al Código de Planeamiento Urbano porteño que permitió edificar 25% más en el llamado « polígono sur» de la ciudad -que incluye barrios como Pompeya, Boedo y San Cristóbal- y construir edificios más altos en avenidas de referencia de todos los barrioscomo San Juan, Entre Ríos, Córdoba o Scalabrini Ortiz.
«Cuando este año me tocó renovar el alquiler, el propietario exigía casi 40% más que lo que venía pagando. Nos pareció una locura, imposible de afrontar, sobre todo porque ya estábamos tratando de reducir al mínimo los costos que nos generaba la inflación. Por eso nos vimos obligados a cerrar. Más tarde, me enteré que en realidad el propietario del local había recibido una oferta de compra por parte de un grupo inversor para hacer una torre de departamentos», explicó a este diario quien era dueño de un restorán ubicado en Belgrano que pidió reserva de su nombre.
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