El especialista en historia económica argentina, Roberto Cortés Conde, trazó paralelismos entre la política económica actual y la llevada a cabo en otras etapas de la historia argentina. «Krieger Vasena, en la presidencia de Onganía, utilizó la devaluación compensada con retenciones y a los tres años ya estaban con problemas nuevamente», dijo Cortés Conde.
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Periodista: ¿A qué período histórico le hace acordar la política económica que lleva a cabo este gobierno?
Roberto Cortés Conde: No hay ninguno específicamente igual, pero tiene rasgos que se vieron en otras épocas, por ejemplo, algunas cosas de la primera etapa de Perón, y otras de la gestión de Krieger Vasena durante la presidencia de Onganía. La mayor presencia del gobierno en la economía fue típica del gobierno de Perón, y hoy los supuestos acuerdos de precios, que son prácticamente controles, van en ese sentido. También la fuerte distorsión de precios relativos, que fue uno de los problemas más serios de ese gobierno, se repite hoy. Desde el año 2001, el tipo de cambio subió de 300%, los precios mayoristas 200%, los minoristas 100% y las tarifas mucho menos. En la época de Perón las tarifas de los servicios públicos también se mantuvieron bajas y las empresas, que en ese momento eran estatales y tenían precios políticos, empezaron a tener déficit. Eso incidió en la inversión, ya que los retornos no cubrían los costos, y en el 55 llegamos a una situación en la cual había apagones constantes. La distinción con el peronismo de la primera época se da en la política monetaria y fiscal. Este gobierno tiene una posición de ingresos mucho más importante, y no usó al Banco Central como un mecanismo de financiamiento, aunque hay que resaltar que el pago al FMI no se hizo con superávit, sino que se pagó colocando deudaen el BCRA.
P.: ¿Y en qué se parece a la época de Krieger Vasena?
R.C.C.: En el año 67, el gobierno de Onganía utilizó la devaluación compensada: se llevó el dólar de $ 250 a $ 350 y se compensó la renta extraordinaria generada aplicando retenciones a las exportaciones. Esto le significó al gobierno un importante ingreso fiscal. El tipo de cambio se mantuvo fijo, como ahora, y los precios domésticos, si bien la inflación bajó mucho con respecto a la de los años anteriores, subían más que los precios internacionales, por lo que la renta de la devaluación fue desapareciendo. Al tercer año ya estaban con problemas nuevamente; el programa no cerraba y quedaban dos opciones: o volver a devaluar y perder la confianza de la población, o esperar a que los precios domésticos terminen de comerse la renta que había generado el salto del tipo de cambio. Las cuestiones políticas, entre ellas el Cordobazo, abortaron el proceso.
P.: ¿Cómo se solucionaron las distorsiones de precios del peronismo?
R.C.C.: No se solucionaron, ni siquiera con el cambio de política en el 52. Fueron un problema permanente y no se pudo volver a una situación donde los precios funcionaran como indicadores de eficiencia. Los gobiernos que siguieron trataron de hacer aperturas, pero ninguno se animó del todo, porque era explosivo. El que encaró finalmente el tema fue Frondizi, y recibió el impacto político. En un principio no se advierten todos los problemas que pueden causar estas distorsiones, pero a medida que se postergan las soluciones termina siendo mucho peor.
P.: ¿Vamos por el mismo camino?
R.C.C.: Una de las grandes ventajas de este gobierno es, curiosa y paradójicamente, que la convertibilidad eliminó la indexación. Pero ahora retorna, por ejemplo, en el caso de los créditos hipotecarios, donde los bancos sostienen que hay que encontrar alguna forma de ajustar los préstamos. Nadie cree que la Argentina va a ser un país como los desarrollados, con una inflación de 2%. El problema es que los salarios están bajos comparados con los precios de las viviendas, pero eso también habla de las distorsiones de precios que existen en la economía y generadas por las intervenciones del gobierno. Los funcionarios creen que pueden manejar la economía en el largo plazo de la misma manera que lo hacen en el corto. Pero olvidan que hay millones de formas de ir saliendo del circuito, y que la gente no se perjudica a ella misma. No es necesario ser economista para saber cuándo se está perdiendo.
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