Cuando todo parecía resuelto, los sindicalistas no aceptaron la propuesta oficial de llevar el salario mínimo a $ 630. Como si fuera una competencia para ver quién logra más, la CTA pidió $ 772, y la CGT replicó con amenazas de exigencias aún mayores. La reunión de la Comisión del Salario Mínimo pasó a cuarto intermedio hasta hoy. Queda claro que los gremialistas están jugando con las necesidades electorales del gobierno. Los empresarios, en cambio, que pensaban estar frente a un hecho consumado con los $ 630 de mínimo sufrieron ayer la sorpresa de que todo está por discutir. Y, por ende, que las decisiones que se adopten finalmente puedan estar aún más lejos de la realidad de los salarios en un país con casi 50% de trabajo en negro.
Es previsible que el gobierno desplegará todas sus baterías para tratar de que, al momento de volver a negociar, los sindicalistas de ambos sectores -tradicionalmente enfrentados, además- entren en razones y acepten los
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