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7 de febrero 2002 - 00:00

Una arbitrariedad extrema del Estado

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Una sociedad basada en estos preceptos se torna, lógicamente, muy inestable.

El que presta dinero tiene muchas dificultades para que le retornen lo prestado; el que ahorra tiene mucha incertidumbre sobre si va a recuperar su capital; el que invierte no sabe qué modificaciones sufrirán las reglas de juego; el que se endeuda para crecer, ya sea empleado, empresario o profesional, ignora cuántas veces se va a modificar el monto de lo adeudado; el que compra propiedades o tiene una industria no sabe cuántos impuestos tendrá que pagar el año que viene, etcétera.

Las leyes, el contexto normativo de nuestro país, han resultado insuficientes para crear certidumbre sobre las actitudes que tendrán nuestros gobernantes. Cada presidente desea hacer una reforma impositiva, derogando algunos impuestos e instaurando otros, resarcirle los daños a algún sector y captar las ganancias de otro que, su a juicio, ha tenido beneficios excesivos.




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