O sea, un castigo imprevisto desde varios flancos para los orientales.
Pero ya han adoptaron medidas y las están cumpliendo. Una de ellas fue devaluar su propia moneda en forma más acelerada a 2,4% mensual que estiman menos doloroso internamente (y menos costoso para sus 2.500 millones de dólares de reservas) que dejar abierta una flotación libre del dólar que podría írseles de las manos.
Calculan así que hacia fin de año, cuando vuelva la temporada de vacaciones, habrán devaluado 25%. No es suficiente frente a 100 por ciento que devaluó la Argentina pero será algo, piensan.
Hoy Uruguay se hizo sumamente caro para los argentinos. Una comida en un buen restorán en Punta del Este no baja de 70/80 pesos nuestros por persona y los impuestos -que exageraron los uruguayos en subirlos-se han tornado prohibitivos para quienes compraron viviendas de veraneo en la época dulce de la convertibilidad. Un paquete de cigarrillos que en la Argentina vale $ 1,70, en Uruguay sale 4 pesos y el aeropuerto no encontró mejor momento que elevarles ahora la «tasa de embarque» a 45 pesos nuestros.
Si les hicimos un daño colateral con nuestra crisis nos lo están cobrando con creces los vecinos aunque tengan la contrapartida de la notoria reducción de turistas.