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19 de noviembre 2007 - 00:00

Wall Street Journal: Argentina debe negociar con el Club de París sin el FMI

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A continuación, el artículo completo en español, publicado hoy por el diario estadounidense The Wall Street Journal titulado "Argentina y el Club de París":

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Argentina, el actual campeón del default, quiere regresar a los mercados de créditos internacionales. Dado el programa anti-mercado que el presidente Néstor Kirchner y su partido peronista han impuesto en la economía desde 2003, ése es un pensamiento que da miedo. Pero, este otro es aún más aterrorizador: el Fondo Monetario Internacional (FMI) parece estar desesperado por desempeñar un papel en el debut de Argentina como un vago reinsertado en la sociedad.

Cualquiera que haya visto la debacle de Argentina bajo los consejos del FMI siete años atrás comprende que estas dos partes son tal para cual. Pero alguien debe detener al fondo antes de que éste "ayude" otra vez. Incluirse en el próximo capítulo de aventuras del populismo peronista no es ni necesario ni conveniente.

Mejor dejemos que los gauchos diseñen y lleven a cabo su propia política económica. Luego los prestamistas evaluarán el riesgo argentino (sin las distorsiones que genera un visto bueno del FMI) y cobrarán una prima adecuada. Y los políticos no se tentarán de confiarse en las líneas de crédito del FMI para cerrar déficits en el gasto. Si todo esto fracasa por completo, los argentinos pueden quemar sus propias efigies esta vez.

Allá por el año 2001, Argentina daba la impresión de que no le importaba su posición en el mercado crediticio. Cuando el presidente interino Adolfo Rodríguez Saá anunció una moratoria para pagar los intereses de más de u$s 100.000 millones en deuda externa a fin de año, el Congreso aclamó. Al poco tiempo, el gobierno tiró a la basura otro contrato y devaluó el peso. Luego, abrogó los acuerdos que había firmado con empresas de servicios públicos españolas y francesas, que habían hecho grandes apuestas a que el país finalmente se había convertido en un lugar confiable para hacer negocios.

Rodríguez Saá no dio indicios de cómo y cuándo los acreedores recuperarían su dinero. Diecisiete meses después, en mayo de 2003, cuando Kirchner asumió, la situación no mejoró. Muchos argentinos que tenían deuda pública habían sufrido el default. Pero se ignoró su difícil situación, mientras Kirchner derramaba virulencia sobre los extranjeros. A medida que la economía se movía de la crisis hacia la recuperación, denunciar a los bárbaros en países remotos se volvió un deporte del partido peronista. Se culpó a acreedores, gobiernos e inversores extranjeros, al igual que al FMI, por el colapso. Sólo recién en febrero de 2005, Kirchner ofreció 30 centavos por dólar a los acreedores que tuviesen u$s 82.000 millones en bonos.

Esto fue bueno para las arcas del estado y para la política. Al jugarse la carta del nacionalismo mientras atacaban a los acreedores, los kirchneristas crearon la ilusión de que Argentina se había convertido de un país pobre a uno rico al tirar a la basura a los extranjeros.

Pero ahora la ponchera de la fiesta se está secando. Al haber destruido los derechos de propiedad, el gobierno está descubriendo que las tasas de inversión son muy bajas para sostener un crecimiento modesto. Un problema más inmediato es la falta de financiación para el sector energético, que no ha podido satisfacer la demanda en los últimos años. Es por eso que se espera que la presidente electa Cristina Fernández de Kirchner intente reestructurar los casi u$s 6.500 millones de deuda e interés que se le deben a los gobiernos que forman el Club de París, los cuales se vienen acumulando desde 2001.

La razón de reconciliarse con el Club de París es que las agencias exportadoras miembro (como el Banco de Exportación-Importación en EE.UU.) no pueden dar financiamientos subsidiados a las empresas con negocios en Argentina mientras la deuda bilateral continúe en default. La señora Kirchner quiere que los malvados extranjeros regresen a Argentina a construir plantas de electricidad y ferrocarriles. Los inversores también quieren volver y tirar los dados otra vez (siempre y cuando consigan financiamiento subsidiado). Se quejan de que Brasil, Rusia, India y China se están devorando las oportunidades, mientras que empresarios de los países del Club de París no pueden obtener ayuda del gobierno.

El intento de Argentina por saldar la deuda con el Club de París es algo positivo. Los defaults de los gobiernos no son ninguna novedad y si Buenos Aires está lista para reparar la deuda bilateral, se le debería dar una oportunidad.

El hecho de que miembros del Club de París deban garantizar nueva financiación en un país que no respeta los derechos de propiedad es un tema aparte. Pero lo que sí debe eliminarse es un nuevo programa del FMI como parte de la negociación con el Club de París. Argentina no quiere un nuevo plan del fondo, pero se ha sugerido que es un requisito del Club. No lo es. Puede ser un precedente, pero sólo porque las naciones deudoras que renegocian deuda bilateral generalmente están en banca rota. En este caso, Argentina no sólo no está en quiebra, sino que anda muy bien de dinero. Podría pagar inmediatamente todo lo que debe, aunque, al verdadero estilo peronista, no tiene ningún reparo en hacer eso.

Para el FMI, un programa para Argentina es atractivo porque vendría en un momento en el que la base de "clientes" de la institución, y por lo tanto su importancia, se está achicando. Pero si los patrocinadores del FMI buscan mejorar el bienestar del pueblo argentino y la salud de los mercados crediticios internacionales, verán que el fondo se queda afuera. La economía es un accidente pronto a suceder y ninguna persona ajena puede impedirle que golpee al montón mientras los controles de precios, los datos de inflación maquillados, los altos impuestos, los subsidios para la energía y el transporte y el derroche fiscal sean las herramientas de elección en Buenos Aires. Como vimos en 2001, el fondo no tiene ningún poder para influenciar una clase política obsesionada con su propio poder.

Primas de alto riesgo y ninguna nueva línea de crédito del FMI probablemente guiarán a la señora Kirchner hacia una conducta más racional. El gobierno necesita recaudar u$s 7.000 millones en los mercados de capitales el año próximo y alrededor de u$s 10.000 millones en 2009. Mientras tanto, el conocido flight to quality (vuelo a la calidad) desde la debacle hipotecaria ha elevado los costos argentinos de préstamo. En una oferta pública de un bono argentino en dólares a 10 años la semana pasada, debió pagar 10,5%. En comparación, los bonos brasileños a 10 años rinden 5,6%. En otras palabras, los acreedores de Argentina están exigiendo casi cinco puntos porcentuales más que Brasil para cubrir los riesgos de un programa económico insostenible de un gobierno que se burla de los derechos de propiedad, contratos de garantía y precios libres. Los u$s 22.000 millones de bonos que posee el sector privado aún en default tampoco ayudan.

Los peronistas todavía insisten en que los economistas del mercado son parte de una conspiración "neoliberal" de la derecha. En otras palabras, tienen mucho que aprender. La comunidad internacional puede ayudar, dejándolos que aprendan por sí solos.

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