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A las puertas de una masacre, acechan el ¿refugio? de Gadafi
En esta imagen de archivo, una mujer libia canta consignas a favor de Muamar el Gadafi en Bani Walid, unos 200 kilómetros al sudeste de Trípoli. Creen que allí se encuentra el coronel, y su capacidad de resistencia podría ser importante. El rostro del exgobernante libio con el lema «estoy aquí» se observa en un checkpoint bajo administración rebelde en Trípoli.
No existe garantía alguna de que los tres se hallen en esta zona de gran raigambre tribal, controlada por los clanes más afines a la familia Gadafi, los Wafalla, pero los rumores son continuos. Y aunque el Consejo Nacional de Transición (CNT) insiste en que sabe a ciencia cierta dónde se esconden Gadafi y su pequeño séquito de leales, ni las autoridades civiles que controlan Trípoli ni los jefes militares que esperan sobre el terreno dicen algo al respecto.
El único testimonio público del que se tiene constancia hasta la fecha es el de Mohamad Bashir Saleh, identificado por la cadena de televisión qatarí Al Yazira como un destacado habitante de Bani Walid. «No tenemos pruebas de que haya salido del área. Y si lo hiciera, a zona abierta, es fácil de ver, ya que los rebeldes controlan toda la provincia. Creemos que se mueve constantemente, con desplazamientos muy cortos y con ayuda de la gente del lugar», afirmó.
«El tiempo es fundamental. Pero debe haber un equilibrio entre el tiempo del que disponemos para capturar a Gadafi y la vida de la gente» de esta empobrecida localidad del desierto, donde viven cerca de 50.000 personas.
En este sentido, tanto el mando militar rebelde como la autoridad civil parecen ser conscientes de que la resolución del asedio a Bani Walid y la forma con la que se conquiste la ciudad son cruciales de cara tanto al fin de la guerra como al proceso de transición.
Ambas esperan que una entrada triunfal, pacífica y sin venganzas, propicie un efecto dominó sobre otras ciudades aún en poder de las fuerzas gadafistas, como Sirte o Sebha. Y ansían que ésta llegue acompañada por la eventual captura de Gadafi -o de al menos su hijo Saif al Islam-, ya que en su opinión supondría un golpe casi definitivo para aquellos que todavía luchan en defensa del asfixiado régimen.
«La batalla de Bani Walid es quizá una de las más importantes que hemos librado durante esta guerra de liberación, junto a la toma de Bengasi y Trípoli», admitió ayer un vocero militar rebelde en la capital. «Una vez que Gadafi haya sido capturado, todo estará acabado. Libia será totalmente libre», agrega.
Mientras políticos y oficiales trabajan en los pasillos, sobre el terreno los rebeldes acumulan, día tras día, más hombres y armas frente al extrarradio de Bani Walid, que según los pocos testimonios que llegan es prácticamente una ciudad fantasma.
Cansados por los largos días de espera bajo el abrasador sol del desierto, muchos de los soldados desplegados no ocultan su ansiedad mientras limpian hasta relucir los fusiles de asalto, cargan las baterías antiaéreas y comprueban los gatillos.
Aunque ha habido algunos tiroteos esporádicos, una calma cargada de tensión y rebosante optimismo recorre el frente e impregna el ánimo de los soldados.
«Entraremos y encontraremos a esa rata escondida en un agujero como un animal. No tiene ninguna escapatoria», afirmaba este domingo Ibrahim al Buni, que forma parte de una «Katiba» (milicia) procedente del oeste del país. «Después de 42 años, no tenemos apuro. Lo único importante ahora es capturarlo», agrega Al Buni, un joven de mirada nerviosa y piel morena marcada por las cicatrices.
Pese al optimismo de los soldados, los mandos no ocultan que la entrada por la fuerza en la ciudad-oasis podría acarrear una masacre, tanto entre las tropas como entre la población civil.
Se desconoce el número de gadafistas que se atrincheran en sus sucias y polvorientas calles, aunque se cree que alrededor de un centenar de ellos, fuertemente armados, protegen puntos estratégicos, mientras decenas de francotiradores pueblan tejados y rincones. Tampoco se conocen con exactitud las condiciones de vida de la población tanto en Bani Walid como en Sirte, la otra gran ciudad asediada, pero la ONU teme que ambas se hallen al borde de la catástrofe humanitaria.
Así lo dio a entender ayer en una conferencia de prensa en Trípoli el coordinador de la ayuda humanitaria de la ONU en Libia, Panos Moumtzis. «Estamos muy preocupados por la necesidad de que se proteja a los civiles en estas áreas. Sabemos que existe el diálogo y confiamos en una solución rápida y pacífica», resaltó.
Agencia EFE


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