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Ácido humor egipcio para no desesperar
Un cartel juega con las teclas de «borrado» del presidente. Otra gracia: «A Mubarak, háblenle en hebreo porque no entiende árabe».
El cartel, con un cartón de leche dibujado con la cara del presidente en azul, lo lleva el hijo pequeño del ingeniero agrónomo Mohamed Sherid, que se ha unido a las protestas, iniciadas el pasado día 25, en la plaza Tahrir de El Cairo.
«Es la naturaleza del pueblo egipcio: pese a esta desgracia usamos las bromas. Es necesario por todo lo que pasa, cuanto más nos presionan, más bromeamos», explicó Sherid, quien no tiene miedo de ir con sus hijos a la plaza, centro de las protestas, pero también de choques entre partidarios y detractores de Mubarak.
Y es que, a pesar de los disturbios recientes, ocurridos sobre todo al atardecer, durante el día llama la atención en la plaza la presencia de familias con niños y el ambiente casi festivo, e incluso a veces carnavalesco que se vive.
Un poco más allá de donde Sherid y sus hijos están sentados, un grupo de hombres baila en corro al ritmo de una canción que inventa un poeta sobre la marcha y que la multitud de alrededor repite entusiasmada.
«Treinta años y vos seguís en el poder / y nosotros nos cansamos / Si te quedás aquí / nos iremos todos...», improvisa el poeta, que pronuncia versos en árabe.
Otros carteles que se observan en la plaza son «Mubarak, game over (se acabó el juego)», «Háblenle en hebreo porque no entiende árabe», «Andate ahora que me quiero ir a casa a duchar, que llevo días sin ducharme», o uno que porta un joven con pañuelo palestino con una caricatura del rey saudita, Abdalá bin Abdelaziz, mirando un reloj. «Mubarak tarda en llegar», reza el mensaje de la pancarta, en alusión a la reciente huida al reino saudí del derrocado presidente de Túnez, Zine el Abidine bin Alí, y que invita al jefe de Estado egipcio a hacer lo mismo.
Junto a ese póster se encuentra la funcionaria Imán Abdalá que señaló que el humor egipcio, famoso en el mundo árabe, «es un don» de sus compatriotas. «Nosotros nos reímos por naturaleza y eso lo estamos utilizando ahora», apuntó Abdalá.
El humor ha llegado hasta las tiendas de campaña donde se alojan algunos manifestantes en Tahrir, bautizadas con nombres como «Pensión hurriya (libertad, en árabe)» o «Base Manufiya», referida al pueblo de origen de sus moradores.
No muy lejos de las jaimas pasea Basam al Jadari con un cartón pegado con celofán a su sweater, donde se lee: «Se pide un plan para que el burro entienda».
Al Jadari, que lleva en la plaza desde el primer día, muestra orgulloso una libreta donde anota las poesías y rimas graciosas que escucha.
«Es para poder contárselo a mis hijos -indicó Al Jadari-. Escribo para poder cambiar el mundo». En su cuaderno hay apuntadas frases como «Mubarak, shift delete», en alusión a teclas de la computadora, o «Que se vaya el presidente loco».
Para el escritor y autor teatral Mohamed Sanati, «el humor egipcio está desempeñando un papel importante (en las revueltas) porque está muy arraigado en la historia del pueblo».
«Es algo que está en la identidad nacional y viene de antiguo. En los tiempos de la ocupación británica, los niños hacían chistes y mofas de los ingleses», recordó.
Sanati subrayó que lo que diferencia al humor egipcio de otros «es que aquí la gente dice las cosas, se ríe, pero luego al mismo tiempo puede llorar».
Y ello se refleja en la plaza Tahrir, donde tan pronto hay un jolgorio general como de repente hay tensión y enfrentamientos con los partidarios del presidente.
La poesía, muy arraigada en la cultura árabe, también juega un rol esencial como los chistes, «que sirven para crear conciencia y hacen pensar a la gente en su intencionalidad», opinó el escritor. Y evocó al hombre con el cabello largo que vio en Tahrir el otro día y que gritaba que se fuera Mubarak porque, si no, no se podría cortar el pelo.
Agencia EFE


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