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Amena invocación a Marosa Di Giorgio
«En Rosa Brillando, una invocación a la poética de Marosa Di Giorgio» (original poeta uruguaya), Vanesa Maja comparte con el público una ceremonia que tiene más de encuentro lúdico que de ritual.
Marosa Di Giorgio (Salto 1932, Montevideo 2004) vivía en un continuum poético, casi un universo paralelo, tan místico y voluptuoso como algunos cuadros de Henri Rousseau («El sueño» y «La encantadora de serpientes», serían dos buenos ejemplos).
Hablaba como escribía. Ya fuera en un reportaje, o recitando sobre un escenario, lo inundaba todo con sus imágenes fantásticas y fuertemente sensoriales, en las que siempre convivieron (entre temblores y franca armonía) animales, humanos, flores
y frutos con vida propia, adoradas figuras familia-
res, seres milagrosos y otros enigmáticos fantasmas de su mitología personal.
Dirigida por Juan Parodi («Cariño Yacaré», «Fotos de infancias») la actriz Vanesa Maja se enviste de la poética marosiana para compartir con el público una ceremonia que tiene más de encuentro lúdico que de ritual.
Collage
Luego de consumir un té con dulces en el hall del teatro (antigua casona de La Boca), el público es introducido por la intérprete en una pequeña sala de 25 butacas. Una vez allí, entre imágenes performáticas y otras «dibujadas» en la pared con un proyector de diapositivas (intervenido por la actriz con ramitas, encajes y tintas de colores) se disfruta de un simpático collage que unifica poesía, teatro y música, ejecutada en vivo por Gonzalo Gamallo.
Los textos elegidos fueron articulados en una suerte de autobiografía alucinada, en la que campea el humor, la sensualidad y el clima de juego. Pequeñas anécdotas dan cuenta de una infancia llena de prodigios, acosada por peligros innominados y bendecida por un dios «disfrazado de amapola».
Maja canta con voz suave y seductora, en español y en italiano, enumera flores y nombres femeninos como cuentas de un collar desenhebrado con furia, y evita, en todo momento, el recitado solemne (del que se burla en el episodio de la «recitatriz»). También transmite con elocuencia los ardientes encuentros sexuales acosados por mariposas negras, dueñas de un saber erótico.
En cambio, la escena en que Maja devora papayas con arrebato carnal, no alcanza a igualar las poderosas evocaciones de la poeta, quien con justa razón tituló a su primer antología «Los papeles salvajes».
«Rosa brillando» brinda una amena introducción a la sorprendente e inclasificable obra lírica de Di Giorgio, hoy considerada una de las más originales de Latinoamérica.


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