24 de noviembre 2010 - 00:00

Ampuero: “Un drama individual, a nivel social es una tragedia”

Roberto Ampuero: «He ido consolidando el proyecto de trabajar en tres aspectos: las novelas de corte policial, las de la pareja moderna, de la mujer actual y las tensiones que aparecen en el hombre, y las de proyección autobiográfica».
Roberto Ampuero: «He ido consolidando el proyecto de trabajar en tres aspectos: las novelas de corte policial, las de la pareja moderna, de la mujer actual y las tensiones que aparecen en el hombre, y las de proyección autobiográfica».
Descubrir el engaño, la vida sentimental secreta de su marido muerto, lleva a una mujer de 50 años a seguir investigando y descubrir una vida profesional oculta, que es algo mucho más siniestro. Todo eso es conocido casualmente por un profesor metido a investigador por una mera curiosidad literaria. Y la investigación lo llevará de la historia romántica al mundo ominoso de las dictaduras. Sobre estos elementos el chileno Roberto Ampuero, famoso por las novelas policiales del investigador Cayetano Brulé, construye «La otra mujer», su nueva novela del ciclo dedicado a los conflictos de pareja. Ampuero, que ha conquistado numerosos premios internacionales, se considera un «escritor globalizado»; a los 20 años se fue de Chile y ha vivido en Cuba, Alemania del Este, Alemania Federal, Suecia y desde hace 10 años está en Estados Unidos, donde es académico y dicta Escritura Creativa y Literatura de América Latina en la Universidad de Iowa. En su breve visita nos juntamos a dialogar con él.

Periodista: ¿Por qué usted, que se ha destacado en la novela policial, con los casos del detective Cayetano Brulé, cada tanto se tienta con una novela, que si bien tiene una trama de intriga y suspenso, su eje es un conflicto sentimental, como es el caso de «La otra mujer»?

Roberto Ampuero: En el ciclo de novelas formado por «Los amantes de Estocolmo», «Pasiones griegas» y «La otra mujer» exploro la relación en la pareja actual. Siempre hay una mujer actualizada, independiente, profesional, que hacen sentir en cierta incomodidad al hombre por más emancipado y moderno que sea. Busco observar el tema del amor, el desamor, los celos, la infidelidad. Y, a partir de eso estrictamente individual, de pasiones y desencantos, pasar a donde esto se desarrolla. Es una forma de unir el fresco social con los sentimientos más íntimos de una persona. No me interesa la novela rosa, que se agota en sí misma. Tampoco creo que sea la época de hacer novelas político-sociales. Pero considero interesante transitar por historias como la de Isabel, en «La otra mujer», que pasa de la decepción pasional a la decepción política en la medida del descubrimiento de los mundos secretos de su esposo.

P.: Quien lleva adelante la historia es un profesor que enseña literatura latinoamericana en Estados Unidos, y encuentra en Berlín el manuscrito de «La otra mujer». Alguien que se parece demasiado a usted.

R.A.: Pero no soy yo [Se ríe], aunque me cae la tierra muy cerca. Apunto a otra cosa cuando diseño a Orestes Cárcamo. Busco a alguien que no tiene ninguna formación de investigador. Quise que fuera un ser como cualquier otro que casualmente conoce un intrigante suceso, en este caso en principio sentimental, y se deja arrastrar por la curiosidad. A veces pienso, como podría pensar Cárcamo, que toda vida acaso ha sido ya contada en un libro que no conocemos, que él va a confirmar que es un error separar la realidad de la ficción, y que nunca nos terminamos de conocer completamente a nosotros mismos y mucho menos a los otros, y, también, que luego de la muerte de una persona que se ama se sigue armando su vida en los recuerdos y las conjeturas.

P.: Su libro es como una matrioska, contiene una novela dentro de la novela. Y la novela de Isabel, la mujer traicionada, la que descubre a «la otra», de no tener un aspecto político, sería una típica telenovela latinoamericana.

R.A.: El tema de «la otra» es hasta del bolero. A mí me importa vincular los temas populares con lo más sofisticado y profundo, allí se mezclan con lo político. Plantear si es posible el olvido, el perdón, dejar de lado el odio, es de telenovela. ¿Qué se plantea Isabel cuando descubre que José Miguel tenía una vida paralela que ella no sospechaba? ¿Qué hace cuando descubre la infidelidad y él está muerto? ¿Lo deja de amar, olvida la traición y cultiva la imagen de cuando estaba vivo, destruye su imagen o quiere saber más y actuar a partir de allí? En ese punto, la historia cobra una dimensión que es un drama de las sociedades contemporáneas y, sobre todo, en países donde ha habido dictaduras. ¿Es posible el perdón? Cuando se descubre la verdad ¿es mejor olvidar? Lo que a nivel individual es un drama, a nivel social es una tragedia. En Chile «La otra mujer» ha tenido una tremenda repercusión en los medios, que la tomaron como metáfora de lo que nos ha ocurrido, impulsando otro modo de debatir el pasado.

P.: Para Isabel, ¿qué es mayor traición: que su marido le ocultara que tenía otra mujer o que le ocultara el perverso oficio al que ese prestigioso cirujano se dedicaba?

R.A.: En un caso tiene que ver con su dignidad, aplasta su sensibilidad porque tiene que ver con la destrucción de seres humanos. Desde un punto de vista social ese descubrimiento es el más grave. A José Miguel, el médico, la muerte lo salva de la verdad. Es la única suerte que puede tener el torturador. Y, en este caso, el infiel que ha montado un gran teatro alrededor de su vida. Isabel, la viuda, se enfrenta a la construcción de la memoria como un acto que le permite recuperar su propia identidad, y ser libre e independiente. Pero al final la memoria queda privatizada en ella. Porque comienza a tener alzheimer. Conoció todo, sabremos, pero prefirió no contarlo. Pero actuó, mató al torturador que trabajaba junto con su esposo.

P.: La historia tiene puntos de contacto con dos películas argentinas «La historia oficial» y «El secreto de sus ojos».

R.A.: Las que ganaron el Oscar, dos películas que me marcaron, pero la historia de Isabel elige otros senderos; no había pensado en ellas hasta ahora. Además, hay otras experiencias que se me impusieron. Yo estudié 12 años en un colegio alemán, más uno del kindergarten, y después viví 15 años en Alemania, tres estudiando en el sector comunista. 28 años de mi vida están marcados por el idioma y la cultura alemanes. Y cuando se anda por Berlín uno no puede escapar a todo lo que pasó allí. Hay como un núcleo de lo ocurrido en el siglo XX. Esas casas, esos departamentos, esos pasillos, esos muros encierran la época de Bismarck, la primera Guerra Mundial, Weimar, el ascenso de Hitler, la segunda Guerra Mundial, la derrota de Alemania, la división, la instalación del régimen comunista, las grandes luchas democráticas que acaban con el comunismo en Europa del Este, la Caída del Muro y la Alemania restaurada. Allí está la historia oculta en las casas. Y si pudieran hablar contarían una historia fantástica. Pensar eso me atrajo. Fue la incitación a explorar.

P.: ¿Es por eso que es en Berlín donde se descubre el manuscrito de la novela «La otra mujer»?

R.A.: Un manuscrito que un exiliado político chileno, el desconocido escritor Benjamín Plá, le dejó en custodia a una amiga con la nota: «Ocultarás ésta novela como un secreto inconfesable y llegará el día en que yo pueda publicarla. En mi país eso hoy acarrearía el fin mío y de mis lectores». Ese manuscrito incita a saber más, como las casas de Berlín. Hay que saber la verdad oculta. Eso es lo que el profesor de literatura emprenderá, la búsqueda para confirmar que la novela remite a la realidad, que en lo que allí se cuenta hay un mundo a descifrar.

P.: ¿El haber vivido en lugares muy diversos le provoca esas imágenes?

R.A.: Hay experiencias que he vivido que cada tanto llaman a mi puerta. Como fue la de vivir en Cuba en su momento o la de ahora estar en Estados Unidos. Pero la de Alemania resulta la más insistente, al punto que creo que estará presente en mis próximas novelas.

P.: Con «Nuestros años verde olivo», que ahora prologa Vargas Llosa, ¿se adelantó a la moda de la ficción autobiográfica o es sólo un testimonio crítico de la Cuba de Castro?

R.A.: Se anticipa, sin ser pionera, en el género, pero también en lo político. Por mi crítica al castrismo, en 1999, muchos sectores que hoy piensan como yo, me cuestionaron públicamente. En ese libro doy testimonio de que la mano dura permanente no conduce a la democracia sino a todo lo contrario. Es lo que vislumbra un muchacho de 20 años, viviendo en Cuba cuando la Revolución ya llevaba 16 años.

P.: ¿Cómo hace para integrar los diversos aspectos de su obra?

R.A.: He ido consolidando el proyecto de trabajar en tres aspectos: las novelas de corte policial, las novelas de la pareja moderna, de la mujer actual y las tensiones que aparecen en el hombre, y las novelas de proyección autobiográfica donde están mis andanzas por el mundo. Es un trabajo que me hace sentir pleno, por tanto no podría optar por un género y dejar los otros. Necesito usar formas de expresión diferentes.

Entrevista de Máximo Soto

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