23 de septiembre 2010 - 00:00

Bella fantasía sobre los hijos del divorcio

La pequeña Noë Sampy, como Yuki, perdida en un bosque que conecta dos instancias de su vida, en el bello film franco-japonés «Yuki & Nina».
La pequeña Noë Sampy, como Yuki, perdida en un bosque que conecta dos instancias de su vida, en el bello film franco-japonés «Yuki & Nina».
Los chicos no entienden la lógica de los adultos. Los chicos, que todavía no son progresistas ni se han psicoanalizado, no comprenden de qué forma puede beneficiarlos el divorcio de sus padres, aunque así se los expliquen ellos si la ocasión lo exige. Yuki, una chica nacida en París, de madre japonesa y padre francés, no entiende por qué su madre (que es quien se lo explica) diga que está triste por su divorcio. «¿Para qué te divorcias, entonces? Se piden disculpas y ya está», dice Yuki. Las cosas no son así, le responde su madre, y agrega que no hay más remedio que ocurra eso cuando el amor se termina.

Pero para Yuki también eso es novedoso, e intrigante: ¿puede terminarse el amor? Sí, por supuesto, le asegura la madre, aunque rápidamente se apresura a aclararle, para tranquilizarla, que lo que nunca puede terminarse es el amor de los padres hacia sus hijos. Sí el de los padres entre sí. ¿Por qué? Nuevo enigma: Yuki acaba de enterarse de que, en la lógica de los adultos (o, al menos, en sus explicaciones) hay amores perecederos y amores no perecederos. Siempre se aprenden cosas nuevas, y a los adultos hay que creerles, aunque con muy buenas razones se empiece a sospechar de ellos.

En este pequeño, intenso film de Hippolyte Girardot y Nobuhiro Suwa (resultado de un trabajo en conjunto entre franceses y japoneses, mucho mejor avenidos que la historia de sus protagonistas), Yuki (Noë Sampy) tiene una amiga, su mejor amiga, que se llama Nina (Arielle Moutel) y que es plenamente francesa. Nina no debe atravesar en esos momentos el drama de Yuki; ya al comenzar la película lo ha padecido algunos años antes, y se ha adaptado a los hechos como se adaptan todos los chicos. Y si no se adaptan, problema de ellos.

Para Yuki, en cambio, el futuro no parece tan sencillo: su madre planea llevársela de París a Japón, lo que no sólo significará que deje de vivir con su padre sino también que cambie de cultura, de amigas, de ambiente, de todo. Vaciarla de identidad. Por su bien, desde luego, como le explica didácticamente la madre, ya que de otra forma, si continuara siendo testigo de las peleas de sus padres, por ejemplo, podría terminar dañada.

Como una carta anónima fracasa (la que escriben juntas Nina y Yuki, con el propósito de que su madre reconsidere la decisión, ya que hasta ese momento no encuentran los beneficios), ambas planean una fuga que tiene varias consecuencias: la más importante está transmitida por un cambio radical de la naturaleza de la película, que delicadamente continúa interpretando el trauma del divorcio según la mirada de sus auténticas víctimas, los hijos. En el proceso de esa fuga, el film abandona su naturalismo y se torna fantástico, sin que por ello pierda conexión con la evolución interior de Yuki (auténtica protagonista de la historia, al punto de que Nina pasa a un segundo plano quizá excesivo).

Pero lo fantástico de «Yuki & Nina» no es de naturaleza metafórica o simbólica: tiene que ver con esa otra fantasía que es el tiempo, el tiempo no cronológico --y en particular, el tiempo de una niña--, que salta y tropieza, y alivia mediante olvidos, o rechazos, lo que duele de verdad. En la última escena, quizá por esa evolución, Yuki podría empezar a considerarse adulta. Ya ha empezado a mentir.

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