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Bolsas del mundo: hay que desensillar hasta que Fed aclare
El mercado espera instrucciones. Aguarda la doble reunión del banco central, el referéndum escocés, que no haya sorpresas en las lecturas de inflación en EE.UU.. Mientras tanto, vegeta. Y esta semana prefirió acurrucarse y achicar riesgos por anticipado. ¿Exagera? Quizás. La Fed preocupa, pero también hay conciencia de las cotizaciones elevadas y un resbalón en las alturas puede ser una caída peligrosa.
Sobre el temor principal existe consenso. Se olfatea un cambio de fraseo. Un aluvión de analistas presagia que la Fed alterará su "guidance", y ya no dirá que entre el final de las compras de bonos y el comienzo de la suba de tasas media "un tiempo considerable". ¿Qué dirá en su lugar? Allí se fragmenta la visión. Entre las hipótesis hay de todo como en botica. Sin embargo, la mera desaparición de la expresión clave, se piensa, puede provocar un pequeño sismo. Y por eso el giro a la defensiva.
¿Será que la Fed sintoniza en ese dial? Que el tema protagoniza la agenda no está en discusión. En la última reunión, Charles Plosser votó en disidencia por su culpa. A su juicio, no cabe hablar de "tiempo considerable": las decisiones no se toman por el mero paso del tiempo sino en función de las condiciones económicas. Y preservar el lenguaje incorrecto oculta "el considerable progreso" que la economía ha hecho en acercarse a los objetivos que persigue la Fed. Razón no le falta. El "guidance" podría reescribirse con referencias precisas a las variables sensibles, como la tasa de desempleo o de inflación. Pero ocurre que el Banco Central las eliminó porque tampoco quiere encerrarse, con sus propias palabras, en un corsé predeterminado y rígido.
En los hechos, cualquier supresión de la frase "tiempo considerable" será entendida como una reducción "considerable" de los tiempos que se planea tomar la Fed antes de actuar. ¿Querrá el Banco Central rectificar su lenguaje? Es muy posible (aunque no hay unidad interna; Eric Rosengren, por ejemplo, ha dicho públicamente que prefiriría dejarlo para octubre). ¿Querrá adelantar el reloj de su intervención? Es mucho menos probable. Corolario: mudar el lenguaje exige explicar muy bien cuál es la intención. Por eso se piensa que sucedará esta semana. La reunión trae adosada una conferencia de prensa posterior (lo cual no ocurre siempre). Yellen podrá explayarse con lujo de detalles.
En perspectiva, el tapering (la poda progresiva de la compra de bonos) termina el mes próximo, y la fase de aclimatación a la suba de tasas de 2015 ya comenzó. Yellen, a diferencia de Bernanke, mueve las piezas del tablero con mano de seda. Telegrafía sus movimientos antes de realizarlos. La idea de una nueva normalidad -que vendría a ser la tesis, no del estancamiento, pero sí del bajo crecimiento secular- ayudó a instalar una noción crucial para la transición. Las tasas se izarán con cuidado y a un nivel final muy por debajo de su patrón histórico. En su faena de ambientación, Yellen podría sumar una vuelta de rosca adicional. Pero mecerá la cuna. No la dará vuelta ni mucho menos. Así, el peligro no es la Fed. El riesgo es un ataque de ansiedad, la fragilidad que pudiera exhibir la psicología de los inversores.


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