22 de mayo 2009 - 00:00

Buenos Aires, capital de archivos de cine del mundo

Para Marcela Cassinelli, «los congresos anteriores estaban muy centrados en asuntos técnicos; el nuestro en el público, por eso no es sólo de especialistas, sino que estará abierto a la gente».
Para Marcela Cassinelli, «los congresos anteriores estaban muy centrados en asuntos técnicos; el nuestro en el público, por eso no es sólo de especialistas, sino que estará abierto a la gente».
Desde hoy, por una semana, Buenos Aires es la capital mundial de los archivos de cine: 190 especialistas llegan desde Oslo para abajo, entre ellos Pat Loughney, curador en jefe de la Library of Congress, Luca Giuliani, director de la colección del Museo Nazionale del Cinema, Serge Toubiana, de la Cinemathéque Francaise, Anne Morra, del MoMa de New York, Catherine Gautier, de la Filmoteca Española, y Vittorio Boarini, de la Fondazione Federico Fellini. Deliberadamente, esto coincide con el centenario de la primera película ficcional argentina, «La Revolución de Mayo», estrenada justo el 22 de mayo de 1909, y los 60 años de la Cinemateca Argentina, organizadora del encuentro.

Se trata del 65° Congreso Anual de la Fiaf, Federación Internacional de Archivos de Films, que por primera vez se realiza en Argentina. Tema central: «Las cinematecas al encuentro de sus nuevos públicos». Impulsora de la idea, Marcela Cassinelli, de Cinemateca Argentina, con quien charlamos.

Periodista: ¿Esperaban semejante convocatoria?

Marcela Cassinelli: La propia presidente de la Fiaf, Eva Orbanz, de la Deutsche Kinemathek, está sorprendida. Vienen de Irán, Irlanda, del British Film Institute, que no participa desde hace años. De Vietnam, Angola, Georgia, Macedonia, interesadas por el tema. Irán, Libia e Israel se inscribieron el primer día. En la última semana hubo una avalancha de anotados. Muchos más querían participar. Y ya nos piden las ponencias, para presentarlas en una sesión especial del Parlamento Europeo. Es que los congresos anteriores estaban muy centrados en asuntos técnicos, sobre formatos, recuperación del color, etc., que después no podemos aplicar por falta de medios. Lo nuestro es otra cosa, es el público.

P.: ¿Las grandes cinematecas no tienen público?

M.C.: Las escandinavas tienen sus salas vacías, en Canadá van (promedio) los mayores de 65 años, etcétera. Sin embargo, hay propuestas. Por ejemplo, en Corea nadie veía películas viejas, pero los del Film Archive reinventaron las funciones y hoy son un fenómeno de multitudes.

P.: ¿Cómo hicieron?

M.C.: Ah, ellos van a explicarlo. También los de Calcuta, capital de Bollywood y los celulares, nos contarán cómo recuperaron el público haciendo algo muy curioso.

P.: Ustedes tampoco quedan atrás.

M.C.: Siempre reivindicamos el aparato de los Lumiére, que permite proyecciones públicas, por sobre el de Edison, que sólo permitía visiones individuales. Por eso queremos que este congreso de especialistas, habitualmente cerrado, también tenga participación del público, y sea, en cierta forma, un festejo popular. Hasta las 18, ponencias. Y luego, funciones de cine en la Lugones, nuestro baluarte, con un ciclo sobre Buñuel, junto a una muestra de fotos que él tomó en México, cuando buscaba locaciones (y en un audiovisual veremos cada foto con la escena de la película correspondiente), y otro sobre salas y museos, «Palacios plebeyos» (cinco películas, no pudimos traer más, por la Aduana). Además, el Museo del Cine mostrará la copia completa de «Metrópolis», que recuperó. El martes mostraremos «Expedición Stoessel», gratis, en el Teatro El Globo, con música en vivo por Santiago Chotsourian y César Lerner, y títeres. Esa obra, registro de un raid desde Pigüé a Nueva York en los 20, exalta lo mejor de la argentinidad, y ejemplifica además la obra del Reel Emergency Project Restauration, un organismo de la Fiaf. Y hay otras dos novedades.

P.: Cuénteme.

M.C.: El 25, «Perdón, viejita», de 1927, en el Maipo. Con ayuda de gente de la música pudimos reconstruir casi todas las partituras originales que faltaban. Lidia Borda se enamoró de la película, y cantará los tangos. Todo irá con subtítulos en inglés, intentando explicar la poesía tanguera del Negro Ferreyra, lo que no es nada fácil. Pero éste es un anticipo. El estreno oficial será en el Festival Internacional del Tango. Y hoy, en un acto que organiza el Incaa en la Casa Rosada, presentaremos la versión restaurada de «La Revolución de Mayo», del italiano Mario Gallo, estrenada hace justo cien años.

P.: La primera película ficcional argentina, muy ingenua, pero emotiva, que hasta ahora vimos en una copia bastante esforzada.

M.C.: Esa película es una ternura. Con ella, Cinecolor hizo un trabajo maravilloso, sacó las rayas, estabilizó los cartones, ahora se ve hasta los que sostienen los telones, y la precariedad de la producción: en la escena del Cabildo hay seis sillas, y las seis son distintas. Era un trabajo de amor.

P.: Como el de ustedes.

M.C.: Equipo «fuente» somos cuatro, con entrenamiento de guerra, porque el nuestro es un organismo privado, en el sentido de privaciones, pero lo lindo es que recibimos ayuda de muchísimos amigos, gente de otras disciplinas, la Legislatura, que por primera vez abre su Salón Dorado un domingo, el Centro Cultural de la Cooperación, el Maipo, y también, por supuesto, ayuda de la gente de cine. No puede haber cortocircuitos, somos chicos, pero todos somos el cine, representamos la Argentina, y nos satisface que hoy el mundo venga a nuestra casa. Cuesta organizar todo, pero a fin de cuentas esto es una vez en la vida, como la comunión y el casamiento, ¡y por primera vez iré al congreso de la Fiaf en taxi, y no en avión!

Entrevista de Paraná Sendrós

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