Buenos Aires prevé crecer más del 3%

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Luego de un primer semestre marcado por una menor actividad económica, diversos indicadores que se afianzan en el bimestre julio-agosto permiten ser optimistas respecto de las expectativas del crecimiento.

Cabe recordar que meses atrás la economía acusó el impacto de un conjunto de factores que afectaron los componentes de la demanda agregada.

Sequía de por medio, tuvimos una cosecha por debajo de lo esperado (particularmente en soja y maíz), que sólo para la provincia de Buenos Aires significó una merma del 14% respecto de los volúmenes de 2010-11. Además, se sumó la desaceleración del PBI en Brasil, con el consiguiente impacto sobre nuestros volúmenes exportados (muy relevantes en el sector automotor).

Para Buenos Aires, todo lo anterior significó una pérdida de combustión en sus principales motores productivos. Somos más campo y lluvia dependiente, y también más Brasil dependiente que el promedio del producto nacional. Casi el 40% de las ventas externas provinciales se dirige a Brasil, mientras que para el resto de las jurisdicciones ese destino implica el 13% de las exportaciones. La mitad de nuestros envíos al exterior son manufacturas de origen industrial y a su vez el 45% de las MOI son automotores.

Campo e industria

Afortunadamente, una serie de factores nos permite ser optimistas en lo que queda de 2012 y durante 2013. Más allá de la obstinación permanente, en la que muchos economistas compiten por quién anuncia primero el comienzo del estancamiento secular de nuestra economía, una vez más resulta que ahora el consenso mayoritario discute si la Argentina en 2013 tendrá tasas de crecimiento de nuevo altas (superiores al 4% o el 5%) o solamente moderadas (entre el 2% y el 4%).

En la actividad agrícola, de la mano de buenos precios internacionales, una demanda internacional robusta y abundante agua, se espera un muy buen resultado para nuestros cultivos durante la campaña 2012-13. Con una cosecha estimada en torno a las 95 MM de toneladas a nivel nacional, la provincia de Buenos Aires podría alcanzar las 40 MM de toneladas. De acuerdo con nuestras estimaciones, las cadenas asociadas a los cultivos agrícolas (trigo, girasol, maíz, soja y cebada) representan aproximadamente un 15% del producto de la provincia, lo que permitiría un crecimiento sólo por este efecto de 2 puntos porcentuales para el Producto Bruto de la PBA.

Cabe mencionar que un agro dinámico representa un conjunto de efectos multiplicadores que derraman y dinamizan el interior de la provincia: transporte y logística, fertilizantes y agroquímicos, maquinaria e implementos agrícolas, molienda y procesamiento de granos y oleaginosas, son todas actividades que arrancan junto con las buenas perspectivas para el campo.

En cuanto a Brasil, las últimas cifras dan lugar al optimismo, ya que su economía está acelerando el crecimiento y podría avanzar a tasas superiores al 4% anual en 2013. De la mano de un paquete de estímulos muy fuerte, el sector automotor registra récord de ventas en agosto, lo que arrastraría tanto la producción local como la demanda de autos y autopartes desde nuestro país.

Ello representa un dato central para la evolución durante los próximos meses de la actividad económica provincial. Al mejorar nuestro principal socio, podemos esperar una fuerte recuperación de toda la cadena automotriz que tiene un fuerte impacto en el entramado industrial (metalmecánica, plásticos, siderurgia, curtiembres, etcétera). Estimaciones de nuestra Gerencia de Estudios Económicos dan cuenta de que dicha cadena tiene una participación de 8 puntos porcentuales en el producto provincial. Entonces, proyectando un crecimiento moderado del 10% en la producción del sector (superando los niveles de 2010), tendríamos un aporte de casi 1 punto al crecimiento del Producto Bruto Geográfico. Con los motores del campo e industria (de la mano de la automotriz) reaccionando en los próximos meses, podemos proyectar un piso de crecimiento del producto provincial en torno al 3% para 2013.

Más importante aún que esta situación coyuntural resulta el enfoque estructural de políticas del Gobierno de Dilma Rousseff, apoyado en bajas tasas de interés (hoy en un piso histórico del 7,5% anual), un tipo de cambio más alto y fuertes estímulos a la inversión y exportaciones para robustecer el ingreso de inversiones reales y depender menos de los inestables flujos de capital. Al margen del impacto negativo para nosotros de un real más depreciado, la variable que domina desde nuestra perspectiva es que Brasil logre un crecimiento sustentable y elevado, ya que somos el socio estratégico de la sexta economía del mundo.

El dinamismo del agro, la mayor afluencia de divisas esperadas para 2013 y el menor volumen de vencimientos de deuda pública relajan la restricción externa. Ello representa también una oportunidad para robustecer el panorama de la actividad industrial y aceitar el proceso productivo (en un año en que el mayor crecimiento implicará mayor demanda de insumos del resto del mundo).

El rol del crédito

Nuestra obligación y nuestras posibilidades pasan por trabajar a favor de una agenda de competitividad sistémica de fuerte apoyo al sector productivo (infraestructura, transporte, financiamiento, reformas impositivas), que acompañe el entorno macroeconómico y las políticas del Gobierno nacional.

Desde el inicio de la gestión, el gobernador Daniel Scioli promovió la equidad impositiva, tratando de que paguen más los que más posibilidades tienen. Particularmente, este año se está calibrando la estructura tributaria más aún para solidificar la recaudación propia.

Como Banco Provincia, cuya esencia son las pymes y el sector productivo, hemos colocado este año 14.000 millones de pesos en nuevos créditos de los cuales el 75% se destinó a las pymes. Igualmente, debemos prepararnos para acompañar con más financiamiento estas buenas perspectivas en el sector real. Ya que con agro e industria se está reactivando nada menos que un 50% de nuestra cartera crediticia.

Las condiciones son propicias. El sistema financiero está sólido como nunca y muy bien acolchonado (en liquidez y capital), la regulación del Banco Central otorga elementos para orientar el crédito a nuevas inversiones (con foco en las pymes), y las empresas tienen muy bajo apalancamiento (deuda/patrimonio).

Tenemos la necesidad de incorporar mayor valor agregado, promover inversiones que den más empleo genuino e incorporar más innovación tecnológica y conocimiento a nuestra producción (acortando la brecha con los mercados maduros). Sólo de esta manera podremos aprovechar la oportunidad de traducir los ciclos de bonanza externa (particularmente para los países productores de commodities) en mayor riqueza y desarrollo interno con equidad social.

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