En los pasillos del Ministerio de Educación porteño, durante la vigilia por el acuerdo salarial, circuló con énfasis que una parte del inventario de transferencia de esa cartera, tras el reemplazo de Mariano Narodowski, no se habría podido realizar. La especie, con aroma de espionaje, da cuenta de una habitación que encierra cables y micrófonos que habrían sido descubiertos por la actual gestión y que nadie en las dependencias ministeriales se anima a investigar ni quién los utilizó ni cuándo, ni tampoco quién los colocó y mucho menos quién los quitó, vaya uno a saber con qué fines. Quizá, piensan algunos, la tecnología para escuchar simplemente estuvo dedicada a la música para amenizar las reuniones, mientras otros urden capítulos de una novela que aún no tiene final.
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