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Camilo Sánchez vuelve a aquel trágico verano del 88
• SU NOVELA, "LA FELIZ" RECREA EL FEMICIDIO DE ALICIA MUÑIZ Y LA MUERTE DE ALBERTO OLMEDO
El asesinato que cometió Carlos Monzón es el disparador de su nuevo trabajo narrativo.
Sánchez. “El haber evitado los nombres propios y hablar del Campeón (Monzón), el Claun (Olmedo) y el Langa (Martel) me dio más libertad”
C.S.: El Facha le había conseguido a Monzón la casa donde ocurrió el femicidio. Se estaba cambiando para acompañar a Olmedo a visitar en la cárcel a Monzón cuando se enteró de que el Negro había muerto. Era el que vivió para contar lo ocurrido desde la oscuridad en que quedó instalado. La oscuridad de Monzón duró los 8 años de cárcel, la de Olmedo los 30 segundos de caída, la de Martel 15 años de lento oscurecimiento y sus intentos de sobrevivir. Hay algo en El Facha que lo hace metáfora de la clase media, de los buscavidas. Uno de los temas de "La Feliz" es la fama, lo que le ocurre al que la goza o la padece, y el círculo que lo rodea. Monzón estaba siempre incómodo con su trascendencia, con haber sido actor de cine. Y había estado con Ursula Andress y con Susana, entre otras. Hasta Maradona y Messi en el exterior los nombres eran Fangio y Monzón. Para Olmedo la fama era un juego, tomó el humor de Borges en ese sentido, y así construyó su personaje Borges.
P.: Además de los personajes, el escenario,
C.S.: Tenía un asesinato violento que se intentaba justificar como una caída, una caída mortal real rodeada de misterio porque al Claun le acaban de anunciar que iba a volver a ser padre. Mi problema como narrador es evitar hechos para que no se convirtiera en un folletín. Mirá en que se convertía la novela si contaba que la madre de Olmedo, su gran sostén secreto, se muere en un remise cuando iba al velorio del hijo. Así fui apartando notas, dejando de lado datos, muchas cosas que habían aparecido en esas búsquedas a las que uno se lanza cuando se ha decidido a contar una historia. A veces surgen cosas que tienen que estar aunque parecieran no tener que ver con el relato. Cuando escribo que el Claun cae imantado por el viento, de pronto recuerdo la gente que me dijo que había llorado al saber que Olmedo había muerto. ¿Cómo salía de ahí? Y recordé que en ese mismo momento el poeta Edgard Bayley presentaba su libro "Alguien llama", y había poemas luminosos que eran como una despedida, que imponían silencios, que llevaban a rever imágenes que ya no eran esas que hasta ahí conocía.
P.: ¿Ahora en que está?
C.S.: En una nouvelle, "45 minutos en un metrobus en el D.F.". Cuando fui a presentar la "La viuda de los Van Gogh" me agarró un terremoto, estuve en un metro bus con un tipo de 85 años que en 45 minutos me contó su vida. Me gusta eso de pasar de personajes conocidos a uno anónimo.

