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Roberto «Caracol» Paviotti se mueve simultáneamente en dos terrenos. Por un lado, es el típico tanguero de voz varonil, que recuerda a figuras como Julio Sosa o Chiqui Pereyra. Pero es también el cantante sutil, que maneja con dulzura los medios tonos, el músico que se preocupa por los arreglos; y entonces el referente parecería ser Horacio Molina.
Esa misma variedad se da en los repertorios. Para este nuevo disco, juntó piezas emblemáticas de la cultura tanguera rioplatense («Volver», « Griseta»), con temas más baladísticos también clásicos («Tú», «Pequeña»). Pero hay también está «Mi ciudad y mi gente», de Eladia Blázquez, y muchas creaciones actuales, propias («Son cosas del amor», «Estás pero no estás», «No es un matarañas», algunas compartidas con Alicia Crest o Héctor Negro,) y de otros autores contemporáneos,como el muy talentoso Alejandro Swarcman: «La canción sin fin», o Jorge Giuliano («Cuestión de papel»). Y en esa sumatoria, Caracol termina siendo un artista personal, que hace pie en las influencias pero se separa a la vez de ellas. Joaquín Galeliano y Alberto Guglielmino en piano, Jorge Giuliano y el propio Paviotti en guitarras, Lisandro Giménez en cello, Ana Elgarte en flauta y Franco Luciani en armónica integraron las distintas formaciones instrumentales que dieron marco a la voz de Caracol, que además es el responsable de varios de los arreglos.
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