23 de enero 2009 - 00:00

Casán, como en TV, pero en teatro de verano

Moria Casán, protagonista central del espectáculo, junto a la joven aspirante a vedette que ella presenta como ejemplo de carne argentina en What pass Carlos Paz?.
Moria Casán, protagonista central del espectáculo, junto a la joven aspirante a vedette que ella presenta como ejemplo de "carne argentina" en "What pass Carlos Paz?".
La única idea del espectáculo, es evidente, fue reunir a Moria Casán y Nazarena Vélez (ahora en todos los programas chimenteros a causa de sus «transtornos alimenticios», entre otros), como pretexto para convocar público, el resto es azar. Pese al empeño de todos sus protagonistas, no hay argumento, no hay vestigios del teatro de revista, no hay buenos chistes ni buenas actuaciones.

Al final del espectáculo Moria anuncia al «guionista de todo esto», Atilio Veronelli, quien francamente parece haber volcado su pobre « brainstorming» sobre el escenario, sin pulido alguno y con sólo el encastre de sketchs concebidospara el lucimiento de las individualidades. El resultado es una especie de tributo a «Bailando por un sueño». O algo parecido.

Todo transcurre entre rojos estridentes, en el «Restó de Moria» (amable publicidad del que tiene en Buenos Aires), donde dos mozos que interpretan Veronelli, Juan Acosta y la reidora de Tinelli, Marcela Feudale, no hacen más que pedir ovaciones para la aparición triunfal de « Madam Moria». Como corresponde, la diva se hace esperar.

La primera vedette en aparecer es la inefable Belén Francese, vestida de rosa y siempre con sus rimas en la punta de la lengua. Luego es el turno de Nazarena Vélez (al menos en la función que vimos, ya que estos días puede estar o no, según su estado del momento, según dicen) caracterizada como una mujer obesa a quien todos atacan por «comer como un lechón». El bocadillo le sirve a Moria más tarde para referirse con verdadera delectación a Carmen Barbieri, como si estuviera sentada en el living de «Intrusos». De hecho, Luis Ventura debuta teatralmente en este espectáculo, aunque en rigor hace de sí mismo y se dedica a lo que sabe hacer, contar chismes, y hasta evalúa a una chica del público para que sea tapa de «Paparazzi». «Le faltan lolas», dijo de la elegida en esta ocasión, y la joven le contestó que estaba dispuesta a operarse con tal de «ser famosa».

Lo de Casán transcurre entre monólogos, mínimos movimientos, alguna canción en «playback», como todos. Más tarde hace participar a quienes pagaron el doble para presenciar el espectáculo desde el escenario (120 pesos). Como en el talk show de donde surgió su frase célebre «Si querés llorar, llorá», interroga a parejas sobre su vida sexual, invita a todos a estimularse y discurre sobre el viagra. Pregunta a hombres del público si les gusta la carne argentina pues tiene algo de comida allí para que prueben: una aspirante a famosa que se pasea semidesnuda por el escenario sonriente y dispuesta a ser tocada en « pechuga» o «muslo», según el gusto del que toca..

El «poledance» y el « aquadance» llegan con una muy desmejorada Vélez, quien no trepa por el caño ni interpreta ninguna coreografía en el piletón de agua. Sólo salpica y exhibe su topless entre sombras.

Los monólogos de Juan Acosta sobre la vida cotidiana son como los de cualquier show de stand up, y el único que exhibe su talento es Mauricio Jortack, excelente imitador de Charly García, Pipo Cipolatti, Andrés Calamaro o Fito Páez, entre otros. Revelación del verano y ficha segura para la TV, como en su momento el Payaso Mala Onda, Campi o Fabio Posca.

Tras la despedida, lejos lo peor del espectáculo donde todos se tiran al suelo en una especie de mancha venenosa, el público que pagó 65 pesos (la entrada más barata) tiene su recompensa: se le permite subir al escenario para fotografiarse con el elenco. A la salida, aguarda más público, transeúntes y curiosos, para pedir autógrafos y fotos, incluso, con el muy solicitado chihuahua de Moria Casán.

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