• UNO, ACUSADO DE VIOLENCIA DE GÉNERO, REGRESÓ CON GLORIA. • OTRO SUFRIÓ EL EXILIO POR UNA "TRAICIÓN". Mientras la Justicia tramita la denuncia de su expareja por agresiones reiteradas, el 10 de Boca Juniors regresó el sábado al equipo tras una lesión. Distinto tratamiento para un “affaire” amoroso.
Contrastes.Para la foto, en Boca rechazan la violencia de género, pero premian a Centurión con un regreso triunfal . El “affaire” Icardi se condena.
La voz del locutor pronunció el nombre por el altoparlante y una multitud ovacionó a su ídolo en el estadio mundialista de Mar del Plata (curiosamente, un lugar en el que no debía haber público visitante, pero ese es otro tema). Eran poco más de las 17.30 del sábado cuando Ricardo Centurión regresaba a la titularidad de su equipo, Boca Juniors, después de varias semanas de inactividad por una lesión muscular. En el medio, su exnovia Melisa Tossi lo había denunciado por reiteración de agresiones físicas. La primera, en octubre del año pasado; la última, el 20 de mayo reciente. El tema está hoy en manos de la Justicia, pero para el magistrado que lleva la causa existen elementos suficientes como para determinar una restricción perimetral en favor de la denunciante y la prohibición del salir del país para el futbolista.
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Lo sucedido dos días atrás deja algo claro: la vara no es la misma. Para el fútbol argentino, estar acusado de un hecho de violencia de género no es tan grave como haber protagonizado un escándalo mediático por un problema de alcoba. Eso lo sabe bien Mauro Icardi. El goleador del Inter de Italia fue condenado al ostracismo por tres directores técnicos del seleccionado argentino, un equipo que, a la luz de los resultados, estaba carente precisamente de goles. La justificación oficial de su ausencia fueron las crípticas "cuestiones futbolísticas" aunque, cualquiera al que se le pregunte, lo vinculará a su affaire con Wanda Nara, la entonces esposa de su compañero de equipo, Maxi López. La historia que siguió es conocida: tuits, fotos, chicanas de mal gusto con los hijos, divorcio, casamiento, nuevos hijos y demás detalles que llenaron páginas de las revistas del corazón. Pero el ambiente del fútbol no perdonó esa "traición" de Icardi a su amigo que, al parecer, tampoco lo era tanto. .
Alejandro Sabella llegó a convocar a la Selección, para un amistoso, al flamante y joven jugador del Inter, tras su paso exitoso por la Sampdoria. Era octubre de 2013 y el mundial de Brasil estaba muy cerca. Jugó unos pocos minutos. Días después comenzaban a filtrarse las primeras informaciones de ese triángulo amoroso. El DT, repentinamente, no lo tuvo más en cuenta. Tampoco su sucesor, Gerardo Martino, ni el sucesor del sucesor, Edgardo Bauza, mientras Gonzalo Higuaín seguía errando goles. Recién Jorge Sampaoli decidió dar por terminado el exilio. No es el único caso en el que el fútbol reacciona de igual manera. Basta recordar otro escándalo de las mismas características como el de Eduardo Tuzzio y Horacio Ameli del River Plate de 2005.
En cambio, si la víctima no es un hombre, es una mujer, y no es el orgullo sino su integridad física lo que está en juego, "todo pasa", como diría Julio Grondona.
Ese parece ser el mensaje que quedó plasmado el sábado pasado en Mar del Plata. La figura del equipo podía regresar, más en una fecha clave en la que se necesitaban los puntos para alcanzar el campeonato. Con su gol en el minuto 40 del primer tiempo, Centurión ayudó a estar más cerca de esa conquista. Nada más importó. Ni siquiera que las autoridades del club hagan salir a sus jugadores con la bandera de #NiUnaMenos en cada campaña contra la violencia de género. Eso es lo políticamente correcto para una foto, no para actuar en consecuencia. Esta vez fue Boca Juniors, pero podría ser cualquier otro club. Porque, en realidad, es el machismo. Y éste no tiene colores.
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