En diciembre, la Fed subió los tipos de interés de referencia un cuarto de punto, hasta el rango de 0,25% y 0,50%, al constatar la mejoría económica en EE.UU. De hecho, los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto, que dirige la política monetaria, apuntaron a posibles cuatro subas de tipos adicionales a lo largo de 2016 si las perspectivas positivas se mantenían. Sin embargo, los indicadores no han dejado de arrojar desde entonces sombras sobre la economía global, con continuas caídas bursátiles en Europa y en Estados Unidos, nuevos episodios de volatilidad en China, mayores retrocesos en los precios del petróleo, y la persistente debilidad de economías emergentes como Brasil y Rusia.
En concreto, Yellen se refirió al panorama en el gigante asiático, inmerso en un proceso de transición hacia un modelo más basado en la demanda interna. "Aunque los recientes indicadores no sugieren una profunda ralentización en China, las caídas en el valor exterior del yuan han intensificado la incertidumbre sobre la política de cambio de China y las perspectivas sobre su economía", remarcó. Como consecuencia, agregó: "Se han exacerbado las preocupaciones sobre las perspectivas de crecimiento global" y los precios de las materias primas han ahondado sus descensos.
En paralelo, la presidenta de la Fed ofreció una visión moderadamente optimista de la economía de EE.UU., en concreto dados los progresos en el mercado laboral, cuya tasa de desempleo cerró enero en el 4,9%, la más baja en 8 años. "Los actuales avances en el empleo y el más rápido crecimiento salarial deberían apoyar el crecimiento de los ingresos reales y, a su vez, el gasto de los consumidores", precisó.
En lo que respecta al extranjero, sostuvo que "el crecimiento global debería repuntar con el tiempo, apoyado por las políticas monetarias altamente expansivas", en referencia las del Banco de Japón y el Banco Central Europeo (BCE).
Un reporte de la Fed que acompañó el testimonio de Yellen sostuvo que el sector financiero norteamericano "ha sido resiliente" ante el estrés provocado por el desplome del crudo y el debilitamiento de los mercados de deuda corporativa en todo el mundo.
| Agencias Reuters y Efe |


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