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Cineasta Gaylen Ross revisa polémico caso de un salvador
Gaylen Ross rescata a Israel Kasztner, un judeo-húngaro que salvó miles de prisioneros judíos pero fue asesinado por un grupo extremista israelí.
Periodista: ¿Cómo surgió esta obra?
Gaylen Ross: Estaba en Suiza produciendo «Blood Money: Switzerlands Nazi Gold», sobre el dinero nazi que los bancos suizos administraron durante la guerra (y del que después dijeron no tener noticia), y una señora me dijo que había llegado a ese país «en el tren de Kasztner». Yo no tenía idea. ¿Un judío negociando con Eichmann? Este podía mandarlo a Auschwitz en cualquier momento, sin embargo lo recibió varias veces y cayó engañado. Era 1944, Himmler mandaba buscar una salida, y el doctor Israel Kasztner, con gran poder de seducción, les hizo creer que podía conseguir 10.000 camiones de los Aliados a cambio de un millón de judíos. Telegrama va y viene con la Agencia Judía, mensajero va y viene de Budapest a Estambul, la cuestión era ganar tiempo. Entretanto, y como prueba de buena voluntad, negoció el viaje de 1685 judíos húngaros a territorio neutral. Por cada pasajero hubo que pagar mil dólares de aquella época.
P.: ¿Quién financió ese viaje?
G.R.: Un puñado de judíos ricos, que también viajaron. La mayoría del pasaje era gente pobre, refugiados, huérfanos, rabinos. Después dijeron que Kasztner puso a toda su familia. Salvó 19 parientes, pero más de cien murieron en los campos. También lo acusaron de salvar unos pocos y no avisar a todos. ¿Avisar por teléfono, diarios, televisión? El ya había dado advertencias, pero muchos se creyeron seguros en Hungría hasta que fue demasiado tarde. Aun así, después del tren siguió salvando gente, incluso arregló con el intendente de Viena el envío de trabajadores, y le mandó miles de personas que de esa forma se salvaron.Tras la guerra se instaló en Israel con su familia, y fue vocero del gobierno hasta que un sector de la derecha logró ponerlo en el banquillo de los acusados. La peor acusación fue su testimonio a favor de cuatro nazis acusados de crímenes de guerra. ¿Por qué lo hizo? ¿Les debía favores? ¿Temía venganzas? ¿Esperaba sacarles una lista de bienes en poder de ellos para devolver a sus dueños? No se sabe. Lo cierto es que dio esos testimonios autorizado por la Agencia Judía, pero cuando llegó el momento lo dejaron solo. Nadie se hizo cargo. Se convirtió en una vergüenza nacional, y blanco directo de un grupo ultraderechista.
P.: Para su film, usted contactó al asesino.
G.R.: Estaba ahí, esperando alguien a quien contar su historia, yo lo escuché y logré incluso hacerlo hablar con la hija y las nietas de Kasztner. Entonces tenía 22 años, y la cabeza envenenada por ideólogos que le dieron un arma y lo usaron, como pasa en cualquier grupo extremista. Hoy mira las cosas de otra manera. También el director del diario que hizo toda la campaña contra «el infame». Entonces dirigía un diario de ultraderecha. Hoy conduce un movimiento pacifista de ultraizquierda. ¡Pero sigue orgulloso de las ventas que logró en aquella época! Un adelantado, ponía el escándalo político en la tapa, y una señorita de escasas ropas en contratapa.
P.: ¿La sociedad también ha cambiado?
G.R.: Cada época requiere un tipo de héroe. Entonces solo apreciaban a los miembros de la Resistencia. Ni siquiera los sobrevivientes del Holocausto eran respetados, los acusaban de débiles. ¡Pero sobrevivir era su resistencia! Recién ahora comienza a valorarse la tarea del negociador. Estrenamos esta película en Israel en plena guerra de Gaza, era algo loco, las salas llenas, los sobrevivientes en primera plana, la gente hablando del papel del negociador. La liberación del sargento Guilad Shalit, rescatado a cambio de prisioneros palestinos, es un ejemplo. Ahí tuvieron que sentarse a negociar. Es lo que corresponde.
P.: ¿Y usted cómo negoció la financiación de su película?
G.R.: Fue una lucha. Les contaba esta historia a los posibles financistas y me decían «Mejor andá a buscar una historia más linda del Holocausto, que tenga final feliz».
Entrevista de Paraná Sendrós


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