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“Con esta novela viajé a lo más oscuro del ser humano”
Navarro: “‘Historia de un canalla’ es un retrato de cómo se manipula la comunicación, cómo se puede fabricar un candidato de la nada, y cómo se puede llevar a la gente adonde no quiere ir convenciéndola de que allí estará mejor”.
Periodista: ¿Qué la impulsó a escribir "Historia de un canalla"?
Julia Navarro: La ambición de hacer un retrato de la sociedad actual que me permitiera explorar lo más oscuro del ser humano. Mi dos novelas anteriores, "Dime quién soy" y "Dispara, yo ya estoy muerto", buscaron retratar el siglo XX en distintos escenarios. "Historia de un canalla" busca hacer lo mismo con los comienzos del siglo XXI. Es un retrato del poder, de cómo se manejan sus hilos detrás de escena, del poder de los medios, de cómo se manipula la comunicación, cómo se puede fabricar un candidato de la nada, y cómo se puede llevar a la gente adonde no quiere ir convenciéndola de que allí estará mejor. Es la capacidad de engañar diciendo que, por ejemplo, con el fracking se estará mejor, habrá más puestos de trabajo, se abaratarán los costos, no pasará nada; y no es verdad, se destruirá el medio ambiente. Si una empresa energética quiere hacer fracking contratará a una agencia de comunicación con un ejecutivo que "convencerá a los medios de las bondades del fracking para que las transmitan a su público, y que a la vez hagan lobbies con políticos. "Historia de un canalla" es la confesión de un hombre en primera persona, eso me imponía cambiar la forma de narrar y no sé si la hubiera podido tramar sin mis muchos años de periodista. Es la que más me ha costado escribir. A su vez, fue viajar a lo más oscuro del ser humano, lo que me llevó a una profundidad psicológica que no había en mis novelas anteriores, acaso porque eran corales.
P.: ¿Por qué eligió que la historia transcurra en Nueva York y Londres?
J.N.: Dado que la novela trata sobre cómo se mueven los hilos del poder a través de las finanzas y la comunicación, los dos grandes centros del poder siguen siendo Wall Street y la City de Londres. Nueva York y Londres es donde todos los días se toman decisiones que nos afectan a todos. Podemos creer que nuestros países son muy importantes y que cuentan, pero la realidad es que las decisiones que afectan a la economía mundial se toman en esos dos lugares. Para escribir sobre el poder real tenía que hacer ese viaje.
P.: ¿Cómo aparece el narrador, Thomas Spencer, que se ufana de aplastar al otro?
J.N.: Es un personaje recurrente en la historia de la literatura. Fui al encuentro de ese personaje a quitarle la máscara y ver lo que tiene oculto. Es atractivo pero nada fácil. Y escribir en primera persona es una dificultad añadida; en tercera persona se pone distancia de los hechos, del personaje y de los lectores. Hay lectores a los que les resulta insoportable estar en la intimidad de las canalladas de las que se jacta Spencer, que no es más que un ejecutivo sinvergüenza de los muchos que nos rodean por todos lados.
P.: Algunas de esas canalladas tienen que ver con la manipulación periodística.
J.N.: Las grandes empresas de comunicación contratan a determinadas personas para llevar a la opinión pública en determinada dirección. El primer objetivo de esas grandes agencias son los medios, manipular a los periodistas como vehículo para manipular a la opinión pública. Los periodistas no deberíamos perder nuestro espíritu crítico para defendernos de esos intentos de manipulación, a veces sutiles y otras nada sutiles. La publicidad envuelve su comunicación para que se compre tal champú. Las grandes agencias de comunicación intentan moldear a la opinión pública en una dirección que no es la de cómprese tal champú. Buscan influir en la forma de pensar de las personas, aislarlas de una reflexión personal. Creo que en los últimos veinte años han cambiado todos los paradigmas de la sociedad porque han cambiado las herramientas de la comunicación. Y con las nuevas herramientas es más fácil manipular a la opinión pública. A veces, ni siquiera sabemos de dónde nos llega la información. No tenemos el tiempo de pensar: quién me está contando eso, por qué me lo está contando, quién hay detrás de lo que me cuenta. Recibimos tanta información que no somos capaces ya de poner distancia para pensar
P.: Su personaje goza logrando engañar, hacer pensar como él quiere.
J.N.: Es un beneficio pero también un juego para él. Lo considera el juego de la vida. Ha nacido en una familia pudiente con todas las facilidades a sólo pedir. Lo excita estar al borde del abismo, la adrenalina que le sube cada vez que hace una apuesta. Es de esa gente que no empatiza con los demás, extremadamente egoísta, que sólo piensa en ellos y sus beneficios. Thomas Spenser es alguien que no se siente bien dentro de su propia piel desde pequeño. Le hubiera gustado parecerse a su padre, ser un anglosajón puro. Le produce una profunda desazón cuando nota la herencia genética hispana de su madre. En una sociedad tan vertical como la estadounidense eso le hace sentirse mal consigo mismo. Ese problema de identidad, esa amargura de no ser un WASP, un blanco anglosajón protestante, ese odio a la causante: su madre, lo lleva a no empatizar con nadie. Es un canalla que vive haciendo canalladas, pero en el fondo es alguien terriblemente débil. Está en una especie de huida hacia adelante. A veces los débiles son los que más golpes dan porque tienen que demostrar que lo pueden todo.
P.: Usted convierte en conflicto íntimo el que hay en Estados Unidos con los latinos.
J.N.: Estados Unidos es un país de aluviones, que se ha hecho con inmigrantes, pero en el vértice de la pirámide siguen estado los blancos de origen anglosajón que manejan los hilos del poder real. Es verdad que tienen un Presidente negro, que hay latinos en sectores del Estado, pero los hilos del poder pasan por otras manos. Estados Unidos es el país de las oportunidades, sí, pero de oportunidades distintas para un chico latino que para el hijo de una familia de Boston. El latino si quiere llegar tiene que ser más listo que el otro. La comunidad hispana no para de crecer en Estados Unidos y va alcanzando espacios de poder pero con dificultades, eso a algunos estadounidenses los hace entrar en conflicto. Pero no molestamos demasiado porque nos desarrollamos en el sector servicios. Es difícil encontrarse con un banquero hispano, no digo que no los haya. Thomas Spencer pertenece a un sector social de elite de Manhattan, y el mundo que lo rodea es el de los WASP, el sentir que tiene algo que lo acerca a los del sector servicios lo lleva a un irrefrenable rencor social.
P.: Usted pasó del periodismo a la novela y se convirtió en permanente bestseller.
J.N.: Odio esa palabra. Aún si bestseller fuera un género literario, yo no quiero que me clasifiquen en un género, yo escribo libros. Cuento historias y luego que los lectores opinen si les gustan o no. No hay un género literario bestseller porque con un libro no se sabe lo que va a pasar. Se escribe con vocación de que lo lean, y cuanta más gente mejor. Son los lectores quienes deciden convertir "Cien años de soledad" en un bestseller y también algo que no tiene ninguna calidad en un bestseller. Es una etiqueta absurda.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
J.N.: Estoy escribiendo otra novela, pero nunca cuento de qué se trata. Eso me da una enorme libertad.
Entrevista de Máximo Soto


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