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Con Ivete Sangalo, todo el Luna Park bailó axé
A razón de entre 450 y 1.200 pesos per cápita, una multitud cantó, bailó y gritó de alegría con el pagadizo axé de la brasileña Ivete Sangalo.
La bahiana Ivete Sangalo es una de esas cantantes que la industria no dudaría en calificar como «un producto». Y como muy digna representante del axé (el género que suena muy fuerte en el carnaval nordestino) es en buena medida quien ocupa el lugar de popularidad que tuvo Daniela Mercury. Bellísima y con un hermoso cuerpo, fue modelo. Nacida en 1972 en Juazeiro, en el interior de Bahía, se fue a vivir a Salvador y allí tuvo un paso relativamente breve por las pasarelas. Apasionada por cantar, hizo su primera escuela pública en los bares y a través de un productor se hizo parte y figura fundamental en el grupo Banda Eva, con el que publicó varios discos entre 1993 y 1998 y vendió sus primeros millones de copias.
Su historia como solista también es amplia, con muchos álbumes publicados y con escenarios y grabaciones compartidos con artistas tan diversos como María Bethania, Seu Jorge, Juanes, Nelly Furtado, Dave Matthews, Shakira, Liza Minelli o Margareth Menezes, entre otros. Entre lo último que se le conoció, está el DVD grabado en el Madison Square Garden de Nueva York a fines de 2010 -»Ivete Sangalo Multishow ao vivo»- y más recientemente, otro trabajo en directo registrado en la televisión carioca junto a Caetano Veloso y Gilberto Gil. Y seguramente algunos recordarán su anterior paso por nuestro país, cuando participó junto a Diego Torres -con quien también se reencontró en el disco de Manhattan- en la apertura de la Copa América de fútbol 2011 para interpretar la canción oficial.
Con su voz potente y prolija, su cuerpo apabullante, su despliegue físico, Ivete hace de la conquista del público el centro de su interés. No hay en ella sutilezas, ni búsquedas estéticas, ni medias tintas. Acompañada por una orquesta amplia en sus timbres pero internacional en su sonido y con imágenes coloridas en la pantalla, todo es brillante, veloz, vertiginoso, para una sucesión de canciones en dos tiempos rabiosos, escritas y grabadas en distintas épocas y por diferentes personas, que se van enlazando sin solución de continuidad casi como si fueran siempre la misma. Nada del álbum más «serio» con los maduros Caetano y Gil; no es eso
lo que sus fans fueron a escuchar. Si, hits como «Acelera Aê», «Caníbal», «Pererê» o «Quando a chuva pasar». Y también una invitación a Torres, a quien considera su «familia en Argentina», para volver a compartir «Agora ja sei».
A lo mejor, la sorprendió la locura por ella en Buenos Aires. Con precios de entradas que estuvieron muy lejos de ser para cualquiera -entre 1200 y 450 pesos, más los gastos administrativos, para verla en muchos casos de pie y sin siquiera un programa de mano-, Ivete Sangalo reventó el Luna Park y manifestó varias veces su entusiasmo «con una sola palabra: in-cre-í-ble». La multitud, entre la que hubo muchos brasileños, enloqueció con ella. Todo el mundo conocía las letras de las canciones. Todos cantaron, gritaron de felicidad, bailaron, transpiraron a la par de ella. Y todos se fueron muy felices, salvo sus tímpanos que sufrieron durante un buen rato el aturdimiento de un sonido instalado a una intensidad de nivel rocanrrolero.


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