4 de noviembre 2009 - 00:00

“Creo que lo que escandaliza es ver la vida tal cual es”

Simonetti: «La sexualidad femenina es un tema que no se toca. Situaciones como las que vive la protagonista de mi novela se viven todos los días en Chile. Hubo mujeres que me han dicho: ‘¿quién te contó todo esto? Porque de eso no contamos’».
Simonetti: «La sexualidad femenina es un tema que no se toca. Situaciones como las que vive la protagonista de mi novela se viven todos los días en Chile. Hubo mujeres que me han dicho: ‘¿quién te contó todo esto? Porque de eso no contamos’».
«Una mujer en que el deseo sexual es la apuesta vital que la mueve fue lo que me impulsó a contar su historia», explica el exitoso escritor chileno Pablo Simonetti sobre lo que dio origen a su novela «La barrera del pudor». Simonetti, que abandonó la ingeniería por la literatura, vino antes a Buenos Aires a presentar sus libros «Madre que estás en los cielos» en la Feria del Libro de 2005 y «La razón de los amantes» en la del año pasado. En su breve visita actual a Buenos Aires dialogamos con él acerca de su nueva novela

Periodista: ¿A qué se debe que, en buena parte de sus libros, busca contar la historia desde una mujer?

Pablo Simonetti: Es que ver las cosas desde otro punto es enriquecedor para el narrador y para el lector, creo yo. En «Madre que estás en los cielos», mi novela que tiene más de autobiográfica, me interesaba pensar desde la madre, ver la crisis de valores a la que se enfrenta, la dificultad que tiene ella para comprender y aceptar a sus hijos tal cual son, y tratar de entender de dónde venía esa resistencia a aceptar la homosexualidad de su hijo. Ahí, cada idea, cada imagen que tenía, la hacía pasar por el duelo verbal de mi madre, por su muerte, que tenía muy presente. Acaso el personaje al que me podía haber asociado era a Andrés, su hijo, pero yo estaba contando desde la primera persona del femenino singular y desde un artesanado verbal. Había buscado expresamente que así fuera. Yo necesito partir de un personaje en conflicto, que esté vibrando. Saber de ellos, de su mundo interior y del mundo que los rodea. Esa madre es como un imán que va atrayendo sentidos, escenas, otros personajes, van dando origen a su circunstancia. Son los que permiten lo que pide Neruda en el «Canto de la lámpara», hundir «la espada envuelta en meteoros hasta lo más genital de lo terrestre».

P.: ¿También buscó así a la mujer que cuenta su historia en «La barrera del pudor»?

P.B.: Amelia se presentó. No sé cuál fue la razón que me sedujo de ella, acaso la posibilidad de una mujer en que el deseo sexual es la apuesta vital que la mueve, y que es la inversión del lugar común de que es el hombre el que impone su deseo sexual o el que ha perdido interés sexual por su pareja; hemos leído demasiadas novelas al respecto.

P.: Usted cita al D.H. Lawrence de «El amante de Lady Chaterly», acaso por el tema de la impotencia del marido y la búsqueda sexual de ella, pero también podría pensarse en «Ojos bien cerrados», la película de Stanley Kubrick, por la búsqueda de triángulos, de terceros como estímulo.

P.B.: Para mí el momento clave fue cuando Amelia y Ezequiel descubren su fantasía, sustentada en las vidas familiares que le tocó a cada uno. Eso me llevó a las experimentaciones que se permiten. Y me interesa lo que muestra Amelia, esa liberación sexual de la mujer que antes no era tan abierto porque el control social que había sobre ellas era muy grande, y muchas veces la censura no provenía de los hombres sino de otras mujeres que le apuntaban con el dedo.

P.: ¿Usted buscó mostrar el manto de hipocresía que hay detrás de eso? Su libro provocó escándalo en Chile en un tiempo en que esas actitudes parecen ampliamente superadas.

P.B.: Es un tema que no se toca. Me han dicho si lo que quiero contando esas cosas es ser transgresor, si tengo voluntad de escandalizar. Y lo que creo que escandaliza es ver la vida tal cual es. Situaciones como las que vive Amelia, yo creo que se dan muchísimo todos los días en Chile. Me ha pasado de mujeres que me han dicho: quién te contó todo esto, porque de esto no contamos. Una psiquiatra rusa se acercó y me dijo: «lo que escribió en su libro nosotras la mujeres nunca se lo contamos a nadie, no sé cómo usted lo conoce con tanto detalle». Hay una naturaleza común respecto a la sexualidad, somos distintos pero tampoco somos tan diversos como para que el mundo de la intimidad femenina sea un misterio para el hombre. Más que escándalo en Chile, mi novela ha producido interés, identificación. Los hombres se sienten interpelados porque aparecen sus problemas puestos sobre la mesa, la eyaculación precoz y la impotencia, y las mujeres se sienten envalentonadas a expresar una sexualidad que no sea considerada una forma de prostitución, de perversión. Muchas lectoras me han dicho que su voluntad sexual ha sido dignificada.

P.: Resulta curioso que ocurra eso después de «Sex and the city» donde las mujeres manifiestan su sexualidad abiertamente.

P.B.: Pero se pensaba que las mujeres latinoamericanas eran diferentes, que no caían en esas cosas, o que se las callaban.

P.: ¿Hace a Amelia paisajista por su interés por lo visual?

P.B.: Tiene que ver con que ella tiene una naturaleza muy física, una relación intensa con los paisajes. Y yo soy un paisajista frustrado, mi madre era paisajista, mi abuela se llamaba Amelia [Se ríe], ahí sí que hay perversión.

P.: Vamos a otra perversión, ¿que el marido impotente sea un crítico literario es una venganza feroz?

P.B.: Son una gotas de malicia nada más. Cuando me puse a escribir sobre Ezequiel pensé que era un retrato sarcástico y burlón, que era un tipo borracho, después lo tuve que sacar de la borrachera y ponerme en su lugar. Todos los escritores tenemos nuestro crítico, y somos más impúdicos, no le tenemos un respeto tan sacrosanto a la literatura como los críticos. El crítico se siente llamado a decidir quién va a formar parte del canon y quién no, y nosotros, los escritores que no hemos sido canonizados, cometemos el sacrilegio de escribir nuevas novelas y tratar de subirnos de algún modo a la historia de la literatura. Y finalmente yo tuve que ponerme en la piel de Ezequiel, y dejar de lado ese primer instinto que me llamaba a despedazarlo a dentelladas. Pero, es más fuerte que parezca un hombre bueno y no una caricatura.

P.: ¿Qué siente al ganarle en ventas con su novela, en Chile, a la nueva novela de Isabel Allende?

P.B.: Es muy raro, salen tres ejemplares de «La barrera del pudor» y uno del de ella. Y me sorprende porque «La isla bajo el mar» es una novela histórica, que está muy de moda, porque la gente aprende, conoce otros lugares. La novela histórica se lee muchísimo en Chile, a Ildefonso Falcones de Sierra que escribió «La catedral del mar», a Ruiz Zafón que rompe todos los récords, y a Pérez-Reverte que, además, es buen escritor. Y mi novela es intimista, reflexiva. Acaso se debe a que es un tema muy presente en la vida de las personas. El tema de la pérdida del deseo es un temazo porque hoy la pareja reclama. Antes, en los matrimonios se perdía el deseo y se arreglaban como podían, hoy en la pareja tiene que perdurar el deseo físico a lo largo del tiempo. Hay en el libro un reflejo de este tiempo, y la gente se vuelca narcisísticamente a mirarse en esta laguna. Son personajes metidos en la sociedad de consumo, del individualismo frente a la individualidad. Todos los hombres que Amelia busca en Internet para consumar sus encuentros sexuales son bastante narcisistas, que están buscando admirarse en el espejo de una pareja momentánea.

P.: Aparte de que pareciera que sus lectoras lo han hecho best seller, usted recibió el respaldo literario de Roberto Bolaño, hoy considerado el más grande escritor chileno de la segunda mitad del siglo XX.

P.B.: Cuando vino a Santiago en 1999, presentó mi libro de cuentos «Vidas vulnerables». A él le había gustado un cuento con el que yo había ganado el concurso de la revista «Paula». Al punto que después me pidió un cuento para publicarlo en España. Roberto era muy estricto respecto a los elogios que ofrecía. De Isabel Allende dijo que era escribidora y no escritora, que José Donoso había sido un más o menos escritor. Para él, la guerrilla literaria era una fuente de inspiración enorme, escribía sobre eso. Estaba constantemente tirando una piedra y escondiendo la mano. Ventilaba con ironía encuentros con escritores que debían haber quedado en la intimidad. Acaso hoy diría también de mí que soy una escribidor, porque nunca le gustaron los que venden mucho. Y dudaría de sí si supiera que en Estados Unidos se han vendido cien mil ejemplares de su novela «2666».

P.: Dejar de ser ingeniero para ser un escritor de tiempo completo lo llevó a varios desafíos.

P.B.: El primero fue salir del closet, que fue fundamental para que pudiera volver a reaparecer en mí la vocación literaria. La desestructuración que vivía respecto a mi historia, a mi naturaleza, me impedía saber cuáles eran mis verdaderas motivaciones. Una vez que salí del placard pude reencontrarme con ese niño que había sido y que escribía historias, que ganaba los concursos literarios en el colegio, que enorgullecía a su madre. Comencé con los cuentos de «Vidas vulnerables», después pasaron años donde fui dejando novelas a medio camino, hasta que apareció «Madre que estás en los cielos», donde pude superar esa gran incertidumbre y desazón. Allí, la compañía espiritual de mi madre me permitió hablar de mi homosexualidad. Fue como si en ese instante se abriera mi destino de escritor, y que poco a poco tomara el sentido que tiene hoy, que hizo que «La barrera del pudor» pudiera escribirla en sólo dos años.

Entrevista de Máximo Soto

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