3 de julio 2012 - 00:00

Cuatro miradas sobre clásico de la danza: “La sylphide”

«La sylphide», otro de los clásicos del repertorio de la danza, regresa esta noche al Teatro Colón y será interpretado por diferentes parejas de bailarines.
«La sylphide», otro de los clásicos del repertorio de la danza, regresa esta noche al Teatro Colón y será interpretado por diferentes parejas de bailarines.
La temporada del Ballet Estable del Teatro Colón. dirigido por Lidia Segni, proseguirá hoy con una de las más bellas obras del repertorio coreográfico, «La sylphide» (1832), con música de Jean-Madeleine Schneitzhoeffer sobre un libreto del tenor Adolphe Nourrit, en la versión de Pierre Lacotte según el original de Filippo Taglioni. El doble reparto está encabezado por Karina Olmedo y Carla Vincelli (La sylphide), Juan Pablo Ledo y Federico Fernández (James), Maricel De Mitri, Nadia Muzyca y Macarena Giménez (Effie), Vagram Ambartsoumian e Igor Gopkalo (Magda) y Néstor Asaff (Gurn), con la participación de la Orquesta Estable dirigida por Javier Logioia Orbe. Habrá más funciones el miércoles, jueves y sábado a las 20:30 horas y el domingo a las 17.

Dialogamos con las dos parejas que encarnarán los protagónicos:

Periodista: ¿Cómo se les presenta el desafío de estos papeles?

Karina Olmedo
: En esta recta final intentamos relajarnos para poder disfrutarlo porque trabajamos muchísimo, y es el momento de hacer propia la obra.

Juan Pablo Ledo: Nos preparamos con mucha responsabilidad y mucha alegría. Para mí trabajar con Karina fue muy ventajoso por la comunicación que tenemos en escena, y estoy contento de acompañarla en su recta final, ya que son sus últimos años de carrera, y termina de completar un ciclo importantísimo.

K.O.: En mis etapas de más joven llegué a hacer estas grandes obras traídas de afuera, después hubo un cese en ese aspecto, fue como si se hubiera levantado un muro y hubiéramos quedado totalmente aislados del contacto con el exterior, algo que a uno lo hace crecer mucho artísticamente. Ahora recibimos las cosas al mismo nivel de Europa.

J.P.L.: Siento que hay una madurez mía también. A la vez siento que tengo que aprovechar esta etapa en que se están trayendo obras tan importantes para el Ballet del Colón. Es una gran responsabilidad que nos hayan elegido, pero también un orgullo continuar con este tipo de obras, y trabajar con repositores que son verdaderos maestros, con toda su experiencia y su material. Estamos totalmente actualizados.

Carla Vincelli: Estoy feliz porque es uno de los hitos del ballet romántico, y también por hacerlo con Federico. En especial me resultó excelente el trabajo del repositor, Gil Isoart.

Federico Fernández: Para mí es un desafío, no pensaba que lo iba a bailar porque no suelo hacer este tipo de ballets, hago papeles de príncipes, o dramas como «Manon» o «Margarita y Armando». El desafío fue técnico porque me llevó a trabajar cosas que había trabajado muy poco en mi carrera, como velocidad, saltos, batería, y lo pude hacer gracias a que el coreógrafo sacó en mí esas cosas que no había trabajado como debía. Además es una gran responsabilidad hacer este papel en el Colón, porque esta versión se hizo por última vez hace casi 20 años, y si mal no recuerdo en esa oportunidad mi papel lo encarnó Maximiliano Guerra, y es toda una experiencia también por el respeto que la compañía le tiene a esta versión: desde que entré escucho hablar de cómo se hizo siempre «La Sylphide» de Lacotte. Es un ballet difícil tanto en lo técnico como en lo estilístico, pero es un crecimiento para los cuatro, porque aprendimos muchísimo.

P.: ¿Tuvieron a alguna figura como fuente de inspiración para sus papeles?

K.O.: Mi ejemplo era Ghislaine Thesmar, esposa de Pierre Lacotte, porque si bien todas las demás que lo han bailado son fabulosas, ella es lo más puro, el original del original, ya que este papel fue montado para ella.

C.V.: Me inspiré mucho en Silva Bazilis. Si bien siempre se me destaca por las cosas fuertes de técnica y virtuosismo, se me ve con un cambio grande en este papel de tanta dulzura. Pienso que cuanta más información tenga uno mejor puede hacer uno su propia elaboración.

F.F.: Yo intenté ver cómo encararlo yo, pero por una cuestión de que es un papel cómodo, por más que lo técnico fue difícil, pero en la forma de ser, en sus dubitaciones, se aproxima a los papeles que hago. Busqué dentro de mí y en la obra.

P.: ¿Cómo fue el trabajo con Isoart?

J.P.L.: De primer nivel, y al igual que en «Onegin» nos sentimos cuidados desde el principio, y tenemos la seguridad de que está todo en nuestro cuerpo y ahora podemos salir y disfrutar. Esta obra es un antes y un después en muchas cosas, y por eso agradezco que hayamos tenido tanto tiempo con él. Esta exigencia de gente como Gil hace que los nuevos integrantes del Ballet tengan un nivel de exigencia, y es importante que todos tengan esta dedicación, y los va a marcar. Gil lo bailó en la Ópera de París, y dice que respetó la coreografía tal cual se la transmitió Lacotte, cosa que no todos los bailarines hicieron.

K.O.: A mí me ayudó mucho Adriana Alventosa, la asistente de Gil, que lo bailó acá con Lacotte y me recordó las cosas que Pierre decía. Y eso habla de una gran generosidad artística, porque hay mucha gente que se guarda esas cosas, y si bien Gil tiene clarísimo todo, siempre de una bailarina a otra se pueden transmitir más «secretos de coulisses» que no tienen precio.

C.V.: Al principio Gil nos pidió que no viéramos nada hasta que no estuviera montada la coreografía, y después empezó a mostrarnos los folletos, los libros, los videos de Thesmar y Michael Denard, hubo todo un trabajo de elaboración. Este ballet lleva todo el «estilo Taglioni», y el coreógrafo hace mucho hincapié en que se siga ese estilo. Este mes y medio estuvo conectado permanentemente con Lacotte, fue una vía directa con la fuente.

P.: ¿Cómo se trabajó en la elaboración de los personajes?

C.V.: En ella todo tiene que ser sublime, nada visceral, tiene una inocencia infantil hasta en el momento de su muerte, pero no es una muerte trágica humana sino que es un espíritu que se va diluyendo. Gil comentaba que hay dos formas de encarar el conflicto: una en la que ella es un producto de la mente de él, y otra en la que realmente existe y se enamora, pero al no ser humana pasa lo que pasa. Las dos son interesantes.

F.F.: Yo lo encaro por el lado de que él se la imagina, por eso yo no la miro fijamente sino que ella está en mi cabeza, y a la que sí miro es a Effie. En el «pas de trois» del primer acto, miro a Effie y a la Sylphide la siento, e intento que se note esa diferencia.

K.O.: Ella tiene un código totalmente diferente a lo terrenal, y esa diferencia entre ella y los seres terrenales se tiene que percibir.

F.F.: hay que destacar que es un ballet mágico y eso se va a intentar transmitir al máximo, no sólo desde el trabajo de los bailarines sino en todos los aspectos técnicos y escenográficos.

Entrevista de Margarita Pollini

Dejá tu comentario