11 de octubre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

El mundo está claramente a la defensiva, y la política global, no importa el calibre de cada país, es tratar de exportar más e importar menos. Así como sucede con las fórmulas exitosas en la actuación de los mercados: cuando se difunde, todos las aplican, pierden su eficacia. Y no hay manera -sin ser economistas- de entender de otra forma: que si todos están en exportar y todos procuran importar menos, las cuentas no cerrarán, ni por casualidad. Esto coexiste con otra problemática, representada por las oleadas de capital que dan vueltas por el mundo -a partir de monedas y créditos devaluados- y que al ingresar de manera compulsiva sobre las economías, pueden terminar haciendo un daño, antes que un efecto positivo.

El propio Fondo Monetario recomendó a los «emergentes» que regulen su ansiedad de crecimiento y no den cabida de tranqueras abiertas al capital que está boyando por todos los puertos.

Son variadas cuestiones, entrelazadas con varias otras, que a cierto lapso tendrán que generar efectos en una dirección, o en la otra. Y las Bolsas están en medio de la marejada, tratando de sacar partido de una zona donde las otras cuestiones solamente se prestan para las polémicas y no para las soluciones. En Estados Unidos, el indicador de subsidios por desempleos volvió a fijar una suma superior a aquello que se quería estimar. Lo que continúa denunciando -junto a la renuncia permanente de asesores de Obama- la precariedad en que se sigue desempeñando aquella economía.

La semana volvió a dar positivos. Con la misma receta de marcar alguna rueda de muy buen saldo y, las otras, dedicadas al aguante. Pero pudieron continuar agregando beneficios los índices del riesgo puro. Para felicidad de los que están sacando muy buen sustento de las diferencias, sin preguntarse a qué se deben. O cuánto habrán de perdurar las mismas condiciones ideales. La corriente en procura de cualquier tipo de activos se ha venido retroalimentando, Japón le agregó otra cuota al proceso anunciando -también- su disposición al dinero «sin costo», de tasa cero. Es una zona de perfil excepcional, con todo lo literal que encierra la calificación. Está totalmente fuera de marco, de la norma natural que rigen a los mercados monetarios. Y en tal pulseada guerreando por la salud de las monedas, emparejando hacia abajo, China mira... y disfruta. Algo peligroso.